Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El hombre que afina las raquetas del torneo de Oviedo: "Mi sueño es llegar a trabajar los mejores del mundo"

Carles Gené, barcelonés de 21 años, es el encargado de cambiar los cordajes de los jugadores que participan en la Copa Real Club de Tenis: "Los profesionales son muy maniáticos, cada uno tiene sus cosas"

Carles Gené preparando una raqueta en las instalaciones del Real Club de Tenis de Oviedo.

Carles Gené preparando una raqueta en las instalaciones del Real Club de Tenis de Oviedo. / Irma Collín

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Félix Vallina

Félix Vallina

En un torneo de tenis hay jugadores que ganan los puntos, quien los arbitra, quien recoge las pelotas y quien se encarga de que la raqueta responda exactamente como quieren los competidores. Carles Gené no sale a la pista, pero por sus manos pasan buena parte de las herramientas con las que se disputan los partidos de la Copa Real Club de Tenis de Oviedo, un torneo internacional que este año cumple su 91 cumpleaños. Tiene 21 años, es de Barcelona y desde el pasado sábado trabaja rodeado de raquetas y bobinas de cordaje. Gené es el encordador del torneo. Su trabajo consiste en retirar las cuerdas gastadas y colocar unas nuevas con la tensión exacta que solicita cada tenista. Unos buscan más potencia, otros más control y otros más efecto. Una tensión baja proporciona más potencia; una alta, más control. Eso a grandes rasgos, porque su trabajo es un mundo.

Llegó al oficio casi de forma natural. Jugó al tenis desde los ocho hasta los dieciocho años y comenzó encordando sus propias raquetas. Dejó de practicar con intensidad el deporte que ama al entrar en la Universidad, donde estudia cuarto de Ciencias y Tecnologías Aplicadas al Deporte y al Fitness. "Me di cuenta de que no iba a llegar muy lejos y decidí centrarme en los estudios y en este trabajo, donde si quieres ser bueno hay que dedicarle mucho tiempo". Encordar una raqueta suele llevarle unos veinte minutos, aunque el reloj se acelera si la petición llega en pleno partido. Entonces toca correr. "En esos casos hay que hacerlo en la mitad de tiempo", dice.

Muchos jugadores estrenan cordaje coincidiendo con los cambios de pelotas –el primero tras nueve juegos y los siguientes cada once– y después le llevan las raquetas usadas para que vuelva a prepararlas. Cada profesional tiene sus costumbres. Lo habitual es utilizar entre dos y cuatro raquetas por partido. Alexander Ritschard, el suizo que llegó a estar entre los cien primeros del mundo y este jueves figuraba entre los favoritos de la competición ovetense, suele usar unas cuatro. Xavi Palomar, campeón de España el pasado año, puede jugar un encuentro cambiando solo una. "Los profesionales son muy maniáticos, cada uno tiene sus cosas, estos dos son polos opuestos", señala Carles Gené.

También cada uno escoge su cordaje. Los hay de monofilamento, multifilamento o tripa sintética y de tripa natural, elaborada con tripa de ternera tratada. Esta última puede costar unos 50 euros por raqueta y está al alcance sobre todo de los jugadores mejor situados.

Gené viaja con todo su taller a cuestas. Además de la encordadora, valorada en unos 7.000 euros, lleva una máquina para personalizar las raquetas, que entre otras cosas sirve para añadirles o quitando peso a gusto del tenista. También tiene una etiquetadora con la que deja anotadas la tensión y la fecha del trabajo en cada raqueta. "Eso no es habitual en torneos de esta categoría, pero a mí me gusta ser perfeccionista". Y perfeccionismo hace falta, porque las manías de los tenistas llegan hasta el último detalle. Le piden tensiones concretas, pesos determinados o modificaciones en el grosor de la empuñadura.

Viajes y mucho trabajo

El joven barcelonés ya ha trabajado en varios torneos M25 por España y también prepara raquetas para algunos jugadores situados entre los puestos 200 y 300 del mundo, como Daniel Rincón, campeón del US Open júnior hace tres años, o Pol Martín Tiffón, que llegó a ganarle al mismísimo Grigor Dimitrov. En Oviedo está teniendo más faena de la habitual. En otros torneos de esta categoría suele terminar la semana con entre 100 y 120 raquetas encordadas. Aquí, este jueves por la mañana, cuando todavía quedaban casi tres días de competición, ya llevaba 170.

Gené asegura que se puede vivir de este oficio, aunque exige viajar, trabajar muchos fines de semana y echar muchas horas. Su objetivo es ir subiendo de categoría a medida que se haga un nombre. "Si se corre la voz de que eres bueno, la gente habla y te van llamando de torneos mejores", explica. Aspira a seguir el camino de los grandes especialistas del encordado, algunos con experiencia en Copa Davis y los Grand Slam. Él tiene claro hasta dónde le gustaría llegar: "Trabajar y preparar raquetas para los mejores del mundo, como por ejemplo Alcaraz".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents