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Los vecinos del garaje de Oviedo donde la tromba de agua dañó 50 coches y anegó los trasteros denuncian que la basura aún sigue acumulada en la zona

Cinco días después del aguacero, los afectados de Fozaneldi continúan además peleando con los seguros para valorar los desperfectos sufridos en vehículos y pertenencias

Así irrumpió el agua en un garaje del barrio de Fozaneldi durante la monumental tromba de agua que cayó en Oviedo

LNE

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Félix Vallina

Félix Vallina

Cinco días después de la tromba de agua que golpeó Oviedo, la riada todavía no ha terminado para los vecinos de los números 5 y 7 de la calle Mayorazu, en Fozaneldi. A las puertas del garaje en el que el agua causó daños a alrededor de 50 vehículos y anegó los trasteros sigue acumulada una montaña de enseres destrozados durante la inundación, cuya retirada reclaman ahora los afectados.

Colchones, muebles, cajas, bolsas, neumáticos y todo tipo de objetos sacados del interior permanecen amontonados junto al acceso al inmueble. Los residentes han vuelto a ponerse en contacto con LA NUEVA ESPAÑA para denunciar la situación y reclamar que los restos sean retirados. “Es la entrada al garaje de la calle Mayorazu número 5 y 7 después de la riada del jueves. Y aquí sigue”, lamentan, acompañando su queja de una fotografía tomada este martes, la que acompaña a esta información.

La acumulación de residuos es ahora la parte más visible de unas consecuencias que, sin embargo, continúan también puertas adentro. Los propietarios siguen peleando con las compañías de seguros, comunicando desperfectos, esperando peritaciones y tratando de determinar qué daños quedarán finalmente cubiertos después de que el agua afectase tanto a los coches como a numerosos objetos almacenados en los trasteros.

El garaje de Mayorazu fue uno de los puntos más castigados por la tromba del pasado jueves. La riada irrumpió con tal violencia que dobló la puerta de acceso y el nivel del agua llegó a superar la altura de las rodillas. En apenas unos minutos, el interior quedó completamente anegado. “Podría haber matado a alguien. En sólo diez minutos esto parecía una cascada”, relataba entonces José Manuel Rodríguez, uno de los afectados.

Los Bomberos trabajaron durante toda la noche achicando agua con bombas y facilitando la salida de los vehículos. En algunos momentos llegaron a coincidir hasta siete grúas retirando coches del interior. Después comenzó otra tarea igualmente complicada: vaciar los trasteros y sacar bicicletas eléctricas, televisores, herramientas, pequeños electrodomésticos, maletas y otros efectos personales empapados o directamente inutilizados.

Los vecinos ya advertían entonces de que no era la primera inundación que sufrían. “Es la tercera vez que nos pasa. Aquí llega todo el agua que baja de Otero y de la Ronda Sur con una fuerza enorme y no hay nada que la contenga. El Ayuntamiento tiene que tomar decisiones ya”, denunciaba María Jesús Martínez. Ahora, cinco días después, mientras continúan intentando resolver con los seguros los daños de aquella noche, los restos de la riada permanecen todavía amontonados ante la entrada del garaje.

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