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Susto con final feliz en la capital asturiana

"Un minuto más y me muero", dice la mujer salvada por un policía de barrio en Oviedo

"Son fundamentales para sentirnos seguros", dice la vecina de 49 años salvada por un agente del nuevo servicio tras atragantarse con un pincho de carne

Así trabajan los efectivos de la Policñia de Barrio que ya patrullan por La Corredoria

VÍDEO: Félix Vallina, Amor Domínguez / FOTO: Fernando Rodríguez

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Rosa María Menéndez, vecina de La Corredoria, todavía se lleva la mano al pecho al recordar lo que vivió este martes a la una media de la tarde en el barjo de debajo de su casa. Limpiadora en el HUCA y madre de dos hijos, a sus 49 años reconoce que pasó el mayor susto de su vida tras sufrir un atragantamiento letal que hoy puede contar gracias a la rápida intervención de un joven agente de la Policía de Barrio el día del estreno de este servicio de proximidad de la Policía Local de Oviedo. "Un minuto más y me muero, no podía más", asegura.

Todo ocurrió en la cafetería Maype, situada justo debajo de su casa y regentada por personas "que son como familia" para Rosa. Entró como cualquier otro día a comer algo rápido. "Pedí un pincho de carne guisada con café. Al apretar el pan, la carne salió y no pude masticarla. Me quedé atascada", relata.

Reaccionó por instinto. Salió del local tratando de expulsar el trozo de comida, pero no podía respirar. "Intentaba sacarlo, sacarlo… incluso clientes del bar lo intentaron, pero no sabían qué hacer. Yo solo quería coger a alguien del brazo y decirle que no podía respirar". En medio de la angustia apareció un joven que, sin dudarlo, le hizo la maniobra de Heimlich. "No sé de dónde salió, pero se puso detrás de mí. Me la hizo cuatro veces. La segunda vez algo se movió, pero no acababa de salir", explica.

Ese joven era un agente de la Policía Local que patrullaba la zona dentro del nuevo servicio de Policía de Barrio. Mientras intentaba desobstruirle las vías respiratorias, pidió que llamaran a la UVI móvil. "Empezó a gritar que llamaran a la UVI. Escuché las sirenas y vi que ya estaban aquí. Después perdí el conocimiento. Ya no sé qué más me hicieron", apunta.

Rosa fue trasladada al HUCA, donde trabaja, y allí le realizaron pruebas y gastroscopias. Aún tiene molestias. "Tengo la espalda y la garganta dolorida de los tubos, pero estoy viva, que es lo importante", admite.

Su hijo mayor presenció la escena. "Lo vio todo y se asustó muchísimo. El susto fue muy grande para todos", cuenta desde su casa, donde continúa sobreponiéndose y solo piensa en agradecer. "Para mí la Policía fue superimportante. No tengo palabras. Hoy vi al chico y era él. Solo puedo decirle: muchísimas gracias. En todo momento intentó calmarme. Muy joven, pero muy profesional y muy tranquilo dentro de lo que podía", resume.

Rosa lo tiene claro: sin esa intervención, el desenlace habría sido otro. Es por ello que defiende además la Policía de Barrio: "Soy partidaria de que estén por aquí. Para los que tenemos niños es fundamental. Dan seguridad".

Una historia que convierte en algo muy real el objetivo con el que nació la Policía de Barrio: estar cerca. A veces, tan cerca como para marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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