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La historia de uno de los negocios más antiguos de La Corredoria: millones de euros repartidos, atracos y el relevo generacional preparado para coger las riendas

Abrió sus puertas en 1959 como un bar-estanco, la introducción en el mundo de la lotería y el crecimiento demográfico del barrio fueron dos hitos que marcaron su trayectoria

Covadonga Fernández y Ana Isabel González a las puertas de su estanco.

Covadonga Fernández y Ana Isabel González a las puertas de su estanco. / Irma Collín

La Corredoria

Mucho antes de que La Corredoria se convirtiera en el barrio más poblado de Oviedo, cuando ni los más optimistas alcanzaban a imaginar el impulso demográfico que iba a vivir esta zona a comienzos de siglo, Casa "La Chucha" ya servía platos de callos y vendía cajetillas de tabaco en lo que hoy es la calle La Estrecha, en una época en la que el trasiego era muy distinto al actual. Ana Isabel González, tercera generación al frente, ha dedicado su vida al negocio y, ya cerca de la jubilación, confía en que su hija menor, Covadonga Fernández, tome el relevo para mantener vivo el legado de uno de los comercios más veteranos del distrito ovetense.

El negocio abrió sus puertas en 1959 como un bar-estanco en el que, además de atender la barra y vender tabaco, también se daban comidas, un servicio que pronto lo convirtió en un lugar muy conocido en la zona, sobre todo por sus callos. Con el paso del tiempo, el gran salto llegó por la determinación de la abuela de Ana Isabel, que se empeñó en incorporar la venta de loterías al establecimiento pese a la opinión contraria de su marido, quien insistía en que aquello "daba muchos problemas". La apuesta por el juego salió adelante y ayudó al establecimiento a crecer notablemente.

Con el tiempo, el establecimiento fue dejando atrás su etapa de bar hasta quedarse únicamente como estanco y, hace 35 años, Ana Isabel tomó las riendas con la naturalidad de quien se crio entre el mostrador y las tareas del día a día. "Yo nací en el estanco", recuerda, y cuenta que ya de niña ayudaba porque entonces "no había los controles que hay ahora", compaginando los estudios con el trabajo cuando volvía a casa a la hora de comer. "No me costó porque fue algo que nací con ello", resume. Con esa misma convicción, movió el negocio al local, a apenas unos metros del original, en el que operan hoy en día, un cambio que permitió modernizar el espacio y adaptarlo a los nuevos tiempos.

El boom demográfico de La Corredoria transformó por completo el ritmo del negocio. Cuando Ana Isabel se hizo cargo del estanco, la clientela era escasa hasta el punto de que podía “pasar tres horas y no entraba nadie” porque el barrio “no era nada”. La situación cambió a medida que comenzaron las nuevas edificaciones y la afluencia "se disparó".

Premios de loterías y algún susto

En todos estos años, vendieron el Gordo de Navidad en 2017 y, en 2019, entregaron el segundo premio del Sorteo del Niño, un hito que, según subraya, fue “lo único que tocó en Asturias” aquel año. A esa lista se sumó un millón de euros del "Joker" en septiembre del año pasado y otros muchos premios menores. Ana Isabel está convencida de que su madre "está ayudando a que den premios", porque creía firmemente en el futuro del estanco.

En el apartado de la seguridad, el balance es relativamente "tranquilo" para tantas décadas de actividad. Recuerda un intento de robo nocturno en el que saltó la alarma antes de que pudieran llevarse nada y otro episodio en el que trataron de hacerles un butrón en la pared aprovechando que uno de los locales colindantes estaba en obras, sin éxito tampoco. Desde el cambio de ubicación, siempre intentó tener medidas de seguridad estrictas para "estar tranquila", aunque algunos clientes habituales le dijesen que era "exagerado".

De cara al futuro, el relevo generacional pasa por Covadonga Fernández, que reconoce que el estanco le "gusta" y se ve con capacidad para "darle continuidad". Ambas asumen que "el sector ya no funciona como antes", los estancos nuevos se adjudican por periodos limitados y, cuando se cumplen, "nadie sabe lo que va a pasar", pueden acabar en una subasta o quizás deben pagar una cantidad considerable de dinero para continuar. En ese contexto, la titular insiste en aguantar al frente el mayor tiempo posible para dar más margen a su hija, que admite que lo del tabaco le cuesta más porque siempre lo gestionó su madre, mientras Ana Isabel reconoce que ahora se "pierde" con los vapers y las nuevas formas de consumo.

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