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Ana Lacalle, cofundadora del Oviedo Moderno: "Nos encontramos con todos los prejuicios que te puedas imaginar"

"La Corredoria fue fundamental para el equipo", asegura

"Siempre defendí que es imprescindible que haya una mujer dentro de la estructura de los equipos femeninos, alguien que coordine, que proteja y que entienda a las jugadoras", explica

Ana Lacalle, cofundadora del Oviedo Moderno, posa con una de las primeras camisetas del club.

Ana Lacalle, cofundadora del Oviedo Moderno, posa con una de las primeras camisetas del club. / Luisma Murias

La Corredoria

Ana Lacalle (Oviedo, 1957) fue una de las pioneras del fútbol femenino en la ciudad y cofundadora del Oviedo Moderno en La Corredoria, en una época en la que apostar por un equipo de mujeres era casi ir contracorriente. Se enamoró del fútbol por el ambiente y acabó convirtiéndolo en una causa propia, pasando por todos los roles posibles —jugadora, delegada, directiva y defensora de sus futbolistas— y luchando por respeto, recursos e igualdad. Hoy contempla con emoción la evolución del fútbol femenino, pero sigue convencida de que la clave del crecimiento del club está en la cantera, en la formación desde la base y en el sentimiento de pertenencia.

-¿De dónde le viene la pasión por el fútbol?

-Al principio no sabía nada de fútbol ni me interesaba especialmente; no entendía las reglas ni lo que pasaba en el campo. Con el tiempo me fui implicando, más por el ambiente y por el compromiso con las niñas que por el conocimiento técnico. Esa implicación se convirtió en una pasión muy fuerte; después de doce años lo dejé pensando que no volvería, porque sabía que si regresaba me engancharía otra vez. Estuve casi veinte años alejada, pero cuando volví sentí lo mismo. Lo que realmente me mueve no es entender más o menos de fútbol, sino apoyar a las niñas, estar pendiente de los pequeños y apostar por el trabajo desde la base y la cantera.

-¿Quiénes fueron sus primeros referentes en el mundo del fútbol? ¿Algún futbolista que le guste en la actualidad?

-El Real Oviedo es el equipo de mi alma, pero también me gustaba el Athletic, veía sus partidos y había jugadores muy buenos. En el fútbol femenino tuve como gran referente a Inmaculada Castañón, que llegó a estar diez años en la selección española, y aun así apenas se le dio el reconocimiento que merecía hasta muchos años después. Creo que no se ha valorado igual a las mujeres que a los hombres en el fútbol, muchas deberían haber tenido un puesto dentro de la federación por su trayectoria. También pienso que en este ámbito hay demasiados intereses y que, si no transiges o no aceptas ciertas cosas, te apartan. Yo nunca he sabido callarme ni asumir lo que no considero justo, y quizá por eso no habría llegado más arriba, aunque tuve la suerte de vivir una etapa en la que no tuve que ceder a ese tipo de presiones.

-¿Por qué en La Corredoria?

-La Corredoria fue fundamental para nosotras porque allí nació nuestra sede, en un local donde ya parábamos como sociedad de festejos y donde llevábamos muchos años federadas. Gracias a esa trayectoria, cuando se construyó el campo de La Corredoria fuimos las primeras en poder optar a él. Hasta entonces no teníamos campo propio y jugábamos donde nos dejaran, pagando por cada partido y dependiendo siempre de otros. Tener ese campo supuso por fin estabilidad después de muchos años de precariedad.

-¿Con qué prejuicios tuvo que lidiar en aquellos primeros años?

-Con todos los que te puedas imaginar. Desde comentarios directos, como que mi sitio estaba en casa fregando en vez de en una reunión representando al fútbol femenino, hasta burlas y desprecios por parte de dirigentes. También había una estigmatización muy fuerte hacia las jugadoras, se las insultaba llamándolas “bolleras” o “tortilleras”, y algunos padres llegaban a prohibir a sus hijas jugar por el qué dirán. Muchas chicas tenían que ocultar su vida personal por miedo a las críticas. Incluso había quien decía que el fútbol no era cosa de mujeres. En aquellos años no solo teníamos que luchar por competir, sino por el respeto y por el derecho mismo a estar ahí.

-¿Qué papel cree que ha jugado el club en visibilizar el fútbol femenino en Asturias?

-Creo que el club jugó un papel fundamental en la visibilización del fútbol femenino en Asturias porque lo luchamos y lo trabajamos hasta llevarlo a lo más alto que se podía en aquella época. Llegamos a competir en Copa de la Reina y en liga nacional, después de ser campeonas en Asturias, y eso nos obligó a salir fuera y a buscar apoyos económicos importantes cuando casi nadie apostaba por nosotras. Fuimos pioneras en demostrar que un equipo femenino podía competir al máximo nivel y aspirar incluso a integrarse en una estructura grande. Además, dentro del club y en la selección en Asturias hicimos algo clave: poner orden, exigir respeto y actuar como puente entre jugadoras y cuerpo técnico, defendiendo sus derechos en una época en la que el femenino apenas importaba y muchas cosas se hacían solo por cubrir expediente. Siempre defendí que es imprescindible que haya una mujer dentro de la estructura de los equipos femeninos, alguien que coordine, que proteja y que entienda a las jugadoras.

-¿Eran conscientes de que estaban abriendo camino para las generaciones futuras?

-Nunca fuimos conscientes de que estábamos abriendo camino. Nosotras solo queríamos jugar al fútbol y hacerlo en igualdad de condiciones, porque si ellos podían, nosotras también. No pensábamos que estuviéramos haciendo historia ni cambiando nada; simplemente defendíamos lo que creíamos justo y luchábamos para que no se tratara al femenino como algo para cubrir el expediente. Siempre fui muy guerrera en ese sentido, no me callaba ante las injusticias, pero no lo veía como feminismo ni como una revolución, sino como sentido común. Solo con el tiempo, cuando todo explotó y empezó a reconocerse, mucha gente nos dijo que habíamos sido parte del cambio, pero en aquel momento no lo pensábamos así.

-¿Qué partido o temporada marcó un antes y un después en la historia del club?

-Más que un partido concreto, el antes y el después en la historia del club fue cuando, años más tarde, el equipo femenino pasó a integrarse en la estructura de un club grande como el Real Oviedo. En nuestra época aquello fue impensable, pero cuando finalmente sucedió se dio el salto que siempre habíamos deseado: contar con un nombre, un escudo y una estructura fuerte detrás. Eso cambió la percepción, abrió puertas y dio un respaldo que previamente no existía. No era lo mismo competir y captar jugadoras como club independiente que hacerlo bajo la identidad de una entidad histórica. Deportivamente, hubo temporadas muy importantes, pero estructuralmente ese fue el verdadero punto de inflexión.

-Hoy el club está vinculado al Real Oviedo, ¿qué piensa sobre esa integración?

-Me encanta, pero todavía queda mucho por hacer. Está muy bien que exista el primer equipo y que haya apoyo económico, pero no basta con eso; la clave sigue estando en la cantera. Yo siempre he defendido que el verdadero trabajo está en los pequeños, en enseñarles desde el principio no solo a dar bien al balón, sino a comportarse y entender el juego. Para mí, en esas edades no necesitas solo un entrenador, necesitas casi un profesor, alguien muy preparado y con equilibrio, que no pierda las formas ni los nervios. He visto demasiadas veces a técnicos en categorías base comportarse de manera inadecuada, y eso no es el ejemplo que deben recibir los niños. La integración es positiva, pero si no se cuida y se invierte de verdad en la base, el crecimiento nunca será completo.

-¿Qué siente cuando ve estadios llenos para ver partidos de fútbol femenino?

-Siento una alegría enorme y una satisfacción difícil de explicar. Ver los estadios llenos para ver fútbol femenino es algo que en nuestra época era impensable. Antes jugábamos prácticamente solo con los padres y poco más en la grada; que hoy haya afición, gente con camisetas, niñas pidiendo autógrafos y siguiendo a las jugadoras como referentes me emociona muchísimo. Incluso detalles como que tengan su propio álbum de cromos me parecen un símbolo de todo lo que se ha avanzado. Para ellas es un impulso de moral increíble y para quienes lo vivimos desde el principio es la prueba de que todo el esfuerzo mereció la pena.

-¿Cómo le gustaría que se recordara su figura dentro de la historia del deporte asturiano?

-No quiero honores ni reconocimientos especiales. Todo lo que hice fue de corazón, sin cobrar nada y sin buscar protagonismo. Aún hoy sigo ayudando en lo que puedo porque siento que, en el momento en que lo haces por dinero o por medallas, ya pierde el sentido.

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