De un despacho en San Juan el Real a La Corredoria: la historia de la única parroquia anglicana de Asturias
"No dejé de creer; simplemente dejé una institución en la que ya no encajaba. Todos partimos del mismo libro; lo que cambia es la manera de interpretarlo", explica el párroco, José Quesada

El sacerdote José Quesada en su parroquia anglicana de La Corredoria. / Guillermo García
José Quesada (1952, Piloña) lleva más de tres décadas impulsando en La Corredoria la que hoy es la única parroquia anglicana de Asturias. Lo que comenzó a principios de los años noventa como un pequeño grupo de oración en un despacho cedido por la parroquia de San Juan el Real terminó consolidándose como una comunidad estable en La Corredoria. "No dejé de creer; simplemente dejé una institución en la que ya no encajaba. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica, pero dentro de ella hay muchas tradiciones. Todos partimos del mismo libro; lo que cambia es la manera de interpretarlo", explicó.
Quesada, nacido en la posguerra, ingresó con unos diez años en el seminario de los Gabrielistas en Castillo Elejabeitia (Vizcaya), donde permaneció cerca de siete años. Su formación coincidió con el final del Concilio Vaticano II, un periodo de cambios profundos en la Iglesia que transformó la liturgia y abrió nuevas formas de entender la vida religiosa. Ante esas transformaciones y algunas normas rígidas del seminario, vivió una crisis vocacional que le llevó a abandonarlo a los 17 años. Huérfano de madre desde los cinco años y con su padre emigrado a Bélgica tras volver a casarse, decidió trasladarse allí para reunirse con él e iniciar una nueva etapa.
En Bélgica, José Quesada tuvo sus primeros contactos con el anglicanismo. Sin embargo, regresó a España y formó una familia con tres hijos, al tiempo que desarrollaba su carrera profesional trabajando en diversas empresas. Con el paso de los años también impulsó iniciativas propias, combinando el empleo por cuenta ajena con proyectos de emprendimiento. "Nunca perdí la vocación, solamente dejé de confiar en la institución eclesiástica", confesó.
La presencia anglicana en Oviedo comenzó a gestarse a principios de los años noventa en la parroquia de San Juan el Real, gracias a la acogida del entonces párroco, don Fernando Rubio Bardón, "una figura fundamental en nuestros inicios", recuerda José Quesada. En aquel momento el grupo era muy pequeño y ni siquiera celebraban culto, ya que Quesada aún no estaba ordenado. Se reunían en un pequeño despacho que el sacerdote les cedió en la tercera planta del edificio. "Yo empecé proponiendo otra manera de entenderlo, quizá más abierta, para gente que no encontraba su sitio dentro de la Iglesia católica", comentó.
Con el tiempo, el propio párroco les ofreció trasladarse a la capilla del templo, donde comenzaron a reunirse con mayor regularidad. Aquella colaboración se prolongó durante más de quince años y en ese mismo espacio surgieron también algunas de sus primeras iniciativas sociales. "Llegaban ecuatorianos y otros inmigrantes que vivían en condiciones muy duras, a veces catorce personas en una sola vivienda", recuerda Quesada. Desde la pequeña comunidad empezaron a organizar ayuda básica, como alimentos o acompañamiento.
De Gabino a Gabino
La comunidad anglicana encontró su ubicación actual en La Corredoria, en 2007, casi "por casualidad". El Ayuntamiento cedió el local con la colaboración del entonces arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, durante el mandato municipal de Gabino de Lorenzo. La cesión se realizó inicialmente por un periodo determinado, aunque este tipo de acuerdos suele prolongarse cuando la actividad se consolida. "Llevamos aquí 14 o 15 años y no se ha faltado ni un solo día", explicó José Quesada, subrayando la continuidad de una comunidad que mantiene actividad permanente.
A lo largo de estos años han pasado por la comunidad miles de personas. Aunque en las reuniones habituales participan unas diez o doce de forma regular, Quesada calcula que entre tres y cuatro mil personas han estado vinculadas de alguna manera a la parroquia. Durante mucho tiempo la mayoría fueron inmigrantes, especialmente latinoamericanos, muchos de los cuales con el tiempo regresaron a sus países o se trasladaron a otras ciudades. "Aquí llegó gente de muchos lugares, incluso ucranianos ortodoxos", recordó.

José Quesada en las puertas de la parroquia. / Guillermo García
José Quesada reconoce que el paso del tiempo también se deja notar. Más allá del desgaste físico, admite que con la edad también se pierde parte de la energía inicial. Por eso considera fundamental que aparezca una persona que pueda tomar el relevo en el futuro: "No hace falta que esté ordenado; basta con que tenga espíritu de servicio y vocación. Luego puede formarse y ordenarse".
El futuro de la pequeña parroquia de La Corredoria dependerá en buena medida de quién continúe esa labor. "Hace falta vocación, pero también carisma; alguien con capacidad para reunir a la gente", señaló Quesada. Y todo ello en un contexto en el que, a su juicio, la religiosidad atraviesa un momento de retroceso en las sociedades occidentales. "El fenómeno religioso está claramente en decadencia", afirmó. “Hoy crece sobre todo en países en desarrollo o en lugares donde hay más pobreza. Aquí, en cambio, la espiritualidad cada vez tiene menos presencia en la vida cotidiana”.
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