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De enfrentarse a los "cebollitas" de Maradona a ser entrenador en La Corredoria: la historia de "Beto" Fernández

"Yo pensaba que mi viejo me estaba sacando la foto a mí, imagínate. Pero en realidad el foco estaba en otro lado", confesó

Eduardo "Beto" Fernández, el exfutbolista argentino que jugó con Maradona y forma parte del cuerpo técnico del Oviedo City

Amor Domínguez

La Corredoria

"El gol contra los ingleses yo ya lo había visto diez veces", recuerda Eduardo Fernández (Buenos Aires, 1962) al señalar una vieja fotografía en blanco y negro. Maradona, apenas un chaval, acaba de dejarlo atrás en un torneo de canteras. La imagen la tomó su padre, Juan Manuel Fernández, periodista de "El Gráfico" y portero de River en los años sesenta, y hoy funciona como una cápsula de memoria que le conecta con uno de sus ídolos.

Nieto de emigrantes asturianos, Eduardo acabó forjando su propia carrera como futbolista profesional en Argentina antes de cruzar el Atlántico. Desde 2019 vive en Oviedo, donde sigue vinculado al fútbol colaborando con el Oviedo City de La Corredoria, mientras mantiene viva la memoria de aquel cruce precoz.

En su etapa en las categorías inferiores, Eduardo Fernández, más conocido como "Beto" en el mundo futbolístico, coincidió en River con una prometedora generación en la que ya despuntaban nombres como el "Pipo" Gorosito, el "Tapón" Gordillo o el "Chino" Tapia, a la postre campeón del mundo y estrella en Boca.

Aquellos equipos competían en los campeonatos Evita, escaparate del talento joven en Argentina, donde las grandes canteras medían su potencial. En la final, River —bajo el nombre de "El Semillero"— se topó con los célebres "Cebollitas" de Argentinos Juniors, liderados por un precoz Maradona, que volvió a inclinar la balanza en un partido que no se salió del guion.

"Yo pensaba que mi viejo me estaba sacando la foto a mí, imagínate. Pero en realidad el foco estaba en otro lado. Maradona empezaba a llamar la atención de todos, los medios ya hablaban de él y en la revista le habían pedido una imagen de aquel pibe", confesó, entre risas, Beto. "Nosotros no le conocíamos, era más chiquito, pero ya tenía actitud de líder y nos llamaba la atención que siempre estaba muy serio", apuntó.

Después de aquello, Beto siguió jugando en River, pero el golpe de Estado de 1976 frenó su carrera cuando aún no había cumplido los 16 años, en un contexto de presión sobre el periodismo que también afectó a su familia. Se apartó del fútbol hasta 1983, cuando, con la vuelta de la democracia, retomó su trayectoria de la mano de antiguos jugadores.

Regresó a la competición en la segunda división con Deportivo Urdinarrain y más tarde continuó en Barracas Central. "Era zurdo y siempre jugaba de diez", confiesa con una sonrisa de oreja a oreja. Se retiró a los treinta años y recuerda que, aunque entrenaba para esquivar patadas, en aquella época "se pegaba mucho".

Relación con el "Pipa"

Años después de su retirada, Beto volvió a encontrarse con el fútbol desde otro lugar, esta vez como entrenador improvisado en los potreros. Entre aquellos chavales que escuchaban sus consejos estaba un joven Gonzalo Higuaín, que jugaba en el club del barrio y era amigo de su primo. "Desde el primer momento se le veían muchas cosas. Su padre había sido futbolista, pero nada que ver, jugaba de lateral y era muy rústico", explicó. Todavía recuerda la visita que le hizo el ariete poco después de fichar por el Real Madrid, en la que le regaló su camiseta.

"Beto" Fernández con Gonzalo Higuaín en Argentina.

"Beto" Fernández con Gonzalo Higuaín en Argentina. / LNE

Cansado de la situación social en Argentina y preocupado por el futuro de su hijo Luca, que en aquel momento jugaba en la cantera de Independiente, decidió trasladarse a Asturias, tierra de sus abuelos, en 2019. "Mi abuela me hablaba mucho de Oviedo. La ciudad es una belleza, la gente es muy educada y la limpieza de las calles me llamó la atención. Estoy encantado", confesó.

Pese al cambio de continente, no se separó del fútbol en ningún momento. Desde que aterrizó en Asturias siempre intentó ver mucho fútbol y, hace unos años, entró en la estructura del Oviedo City de La Corredoria. Intenta transmitirle a los jugadores toda su experiencia y no se cansa de contar anécdotas en los entrenamientos.

La distancia no es un obstáculo para su afición. Sigue a River Plate desde Oviedo e intenta perderse los menos partidos posibles. Tiene muy presente la actualidad del club y está muy feliz por la llegada de Eduardo Coudet al banquillo del conjunto de la franja roja.

En definitiva, toda una vida orquestada en torno al balón. "El fútbol es una forma de vida, tengo la sensación de que es algo que me vino implícito en el ADN", concluyó, mientras hacía "jueguitos" con el balón y explicaba cómo le gustaba golpear el balón.

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