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División en el barrio y fuga de vendedores en el mercado de La Corredoria: "No sé cuánto durará"

"Apostaba por este mercadillo, pero entre las quejas y que los vecinos cada vez bajan menos a comprar, la situación se está complicando", señala una de las vendedoras

Una de las primeras jornadas del Mercado de La Corredoria.

Una de las primeras jornadas del Mercado de La Corredoria.

La Corredoria

El mercadillo de La Corredoria, inaugurado el pasado 27 de septiembre de 2025 como respuesta a una reivindicación histórica del barrio, vive meses después una situación marcada por la creciente tensión vecinal, el descenso de la afluencia y las dudas sobre su futuro. Lo que comenzó como una iniciativa celebrada por comerciantes y residentes se ha ido transformando con el paso de las semanas en un foco de debate y confrontación, especialmente visible en redes sociales, donde cada jornada de mercado reabre la discusión entre quienes critican su funcionamiento y quienes piden proteger un proyecto que costó años poner en marcha.

El arranque del mercado fue prometedor. Durante las primeras semanas, la iniciativa gozó de una notable acogida por parte de los vecinos, que celebraban la llegada de un equipamiento comercial largamente esperado en la zona. Sin embargo, con la llegada del frío y el mal tiempo, la afluencia comenzó a resentirse, dando paso a un escenario más complejo tanto para clientes como para vendedores.

A medida que avanzaban los meses, empezaron a surgir las primeras quejas vecinales, que se han intensificado desde mediados de enero hasta convertirse en una constante. Estas críticas se dividen en dos grandes bloques. Por un lado, están quienes denuncian los ruidos durante el montaje, especialmente en las primeras horas de la mañana. Por otro, vecinos que cuestionan la falta de variedad en los puestos, señalando un predominio de la venta de ropa frente a la escasez de productos alimenticios.

Este clima ha derivado también en una división entre los propios residentes. Frente a quienes expresan su malestar, ha surgido otra corriente que pide moderación en las críticas y alerta del riesgo de que el exceso de negatividad termine por hacer fracasar el mercadillo. Defienden que las opiniones deben ser constructivas para no poner en peligro una iniciativa que consideran clave para la vida del barrio.

La visión de los vendedores

La situación ha tenido ya consecuencias directas en la actividad comercial. Algunos vendedores han optado por abandonar ante la falta de rentabilidad, mientras otros comienzan a mostrar públicamente sus dudas. "Es una lástima, porque yo apostaba por este mercadillo, pero entre las quejas y que los vecinos cada vez bajan menos a comprar, la situación se está complicando", expuso Eva María Jiménez, una de las vendedoras, en redes sociales.

En su reflexión, advertía además de que varios compañeros ya han decidido marcharse al no compensarles los costes, regresando a plazas tradicionales como El Fontán o Pola de Lena, y dejaba entrever la incertidumbre que rodea al mercado al señalar que "no sé cuánto durará este mercadillo si la situación sigue así".

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