La historia de la nueva peluquería canina de La Corredoria: lista de espera de más de una semana tras un cambio de vida radical
Sara Iglesias dejó su trabajo para formarse como peluquera canina, desde que abrió su negocio en el barrio no ha parado de recibir llamadas y, de momento, no tiene hueco hasta el próximo viernes 8 de mayo

J.A. / Foto: Juan Plaza
Pocas cosas más de barrio hay que una peluquería. En La Corredoria, donde los perros son ya parte inseparable de la vida diaria, ese papel lo ocupa desde hace unas semanas "Ladraland", el negocio de Sara Iglesias y la única peluquería canina de la zona. Abierta el pasado 15 de abril, el local no ha tardado en llenarse y ya acumula lista de espera: no hay citas disponibles hasta dentro de algo más de una semana, reflejo de una demanda que llevaba tiempo sin cubrirse. "La acogida del barrio está siendo espectacular, estoy muy contenta", resume su propietaria.
Detrás del proyecto hay una decisión "muy meditada". Iglesias llevaba años trabajando en otra empresa, pero sentía que su etapa allí había terminado. Siempre estuvo estrechamente vinculada al mundo animal, incluso formó parte de protectoras, y optó por dar un giro a su vida profesional. "Llega un momento en tu vida en el que dices: ahora o nunca", explica. Dejó su empleo, se formó durante meses combinando teoría y cerca de 400 horas de prácticas para convertir su idea en una realidad emprendiendo en solitario.
El lugar tampoco fue fruto del azar. Vecina del barrio, conocía bien la zona y detectó rápidamente el hueco de mercado: no existía ninguna peluquería canina en La Corredoria, lo que obligaba a muchos propietarios a desplazarse a otras zonas. "Hay miles de perros censados en esta zona y muchos vecinos tenían que llevarlos a Lugones, así que me parecía que era el mejor sitio para abrir", señala.
Encontrado el local, el proceso de puesta en marcha fue ágil. El espacio ya estaba parcialmente acondicionado, en un principio iba a ser una lavandería y la instalación de todo lo relacionado con la fontanería no necesitó prácticamente añadidos. La reforma se prolongó alrededor de un mes, con algunos contratiempos de última hora por la potencia de la instalación eléctrica. Aun así, todo llegó a tiempo para levantar la persiana el pasado 15 de abril.

Sara Iglesias le quita el pelo enredado a Lola, una pequeña pomerania que fue la primera clienta de la mañana. / Juan Plaza
Desde entonces, el ritmo ha ido en aumento. Iglesias atiende una media de cinco perros al día, unos 25 a la semana, aunque el tiempo varía en función de cada animal y del tipo de trabajo. El proceso comienza siempre con una revisión, corte de uñas y limpieza de oídos antes del baño, seguido de tratamientos según el tipo de piel y pelo. Después llega el secado y el corte final. Más allá de la técnica, reconoce que la clave está en el comportamiento de los animales. "Lo más difícil es que estén quietos; cuando tienen miedo y se mueven, es lo más complicado", apunta.
Los perros pequeños suelen ser los que más rápido se pueden resolver en el día a día del negocio, mientras que los que más trabajo requieren son aquellos que mudan el pelaje o pertenecen a razas de agua, debido a la complejidad de su manto. Por ello, Iglesias adapta su horario de trabajo siendo consciente de cuáles son los servicios que más tiempo le llevan, organizando la agenda en función de cada caso. No todos los perros requieren el mismo esfuerzo y hay algunos que, por sus características o comportamiento, pueden ocuparle una tarde entera.
El boca a boca y la difusión en redes sociales de los cortes finalizados han hecho el resto. En pocas semanas, la agenda se ha llenado y los clientes llegan en muchos casos recomendados por otros vecinos. De momento, no hay cita hasta el próximo viernes 8 de mayo. "Hay gente que viene porque se lo ha dicho alguien, y eso, acabando de empezar, es un orgullo", afirma.
Con una clientela en crecimiento y la agenda ya completa a corto plazo, Iglesias se centra ahora en afianzar el negocio y seguir mejorando su formación para ofrecer un servicio cada vez más completo en el barrio. "La verdad que no me esperaba este boom, solamente pido poder trabajar al mismo ritmo que hasta ahora. Mientras tanto, quiero seguir aprendiendo y hacerlo cada vez mejor", concluye.
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