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La historia de Toni Candamo, celador del HUCA que entrena a La Corredoria y confía en el ascenso: "Tengo un vestuario espectacular"

Desde septiembre compagina turnos en el hospital con entrenamientos en el Díaz Vega, ahora, después de remontar un arranque complejo de liga, esperan rival para la promoción

Toni Candamo con el polo de La Corredoria.

Toni Candamo con el polo de La Corredoria. / Pelayo Méndez

La Corredoria

Antonio Candano lleva un año entre el HUCA y el banquillo del Díaz Vega, combinando turnos en el hospital con entrenamientos, partidos y tiempo en familia. Después de un arranque complicado, han conseguido darle la vuelta a la situación y La Corredoria ya espera rival en los play-offs de ascenso a 2ª Asturfútbol. "La temporada ha sido un aprendizaje para todos, estamos en nuestro mejor momento y creo que mis jugadores están perfectamente preparados para afrontar estas eliminatorias".

De pequeño, Candano no tenía una especial vinculación con el fútbol. Su acercamiento fue progresivo, casi por inercia familiar, acompañando a su hermano mayor, Román, a los partidos en el Águila Negra. Aquel equipo, que con los años acabaría integrado en la estructura del actual Colloto, fue el lugar donde empezó a despertar su interés por el balón. Sin embargo, su salto al campo llegó más tarde de lo habitual: comenzó a jugar con once años.

A partir de ahí, su crecimiento fue constante. Se formó durante una década en el Colloto, donde se desarrolló principalmente como extremo y fue dando pasos hasta competir en División de Honor juvenil, la máxima categoría del fútbol base. Aquella etapa le dejó recuerdos imborrables. "Todavía me acuerdo de ir a jugar a Santiago de Compostela o a A Coruña, era increíble", rememora. Su progresión le llevó a dar el salto al fútbol sénior, donde compitió en Tercera División con equipos como el Siero, el Lugones o el Tuilla.

Sin embargo, su carrera como jugador no se prolongó demasiado. Con apenas 24 años decidió retirarse de forma prematura, una decisión meditada en la que ya pesaba su verdadera vocación. "No era mal futbolista, pero siempre me llamó mucho más ser entrenador que jugador", reconoce. Ese paso al lado fue, en realidad, el inicio de una nueva etapa.

Su trayectoria en los banquillos comenzó en el fútbol base del Juventud Estadio, donde empezó a forjarse como técnico. Con el tiempo dio el salto a categoría sénior dentro del propio club, logrando el ascenso a Primera Regional, un éxito que repetiría posteriormente en el Pumarín. En ese camino siempre contó con la compañía de su buen amigo y delegado Luis Avelino Pineda, una figura importante en su recorrido.

En plena progresión como entrenador, Candano decidió hacer un alto en el camino. El nacimiento de su hijo marcó un punto de inflexión y le llevó a priorizar su vida personal. "Para mí lo primero es la familia", afirma con rotundidad. Ese parón, lejos de alejarle definitivamente del fútbol, reforzó su vínculo con él desde otra perspectiva.

Sin pizarra y con bata

Paralelamente a su carrera deportiva, Candano ha mantenido una estrecha relación con el ámbito sanitario. Con cinco categorías aprobadas en el Sespaauxiliar administrativo, celador, ayudante de servicios, lavandero y planchador—, todas ellas superadas por oposición, desarrolla su labor profesional en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Compatibilizar ambas facetas no siempre resulta sencillo. "Cuesta, pero se puede compaginar. Siempre ando cambiando turnos para estar con el equipo y pasar el máximo tiempo posible con mi hijo", explica.

Toni Candamo en su puesto de trabajo en el HUCA.

Toni Candamo en su puesto de trabajo en el HUCA. / LNE

Tras varios años alejado de los banquillos, regresó al fútbol hace algunas temporadas, hasta que este curso su camino se cruzó con el de La Corredoria. El inicio no fue fácil. Los malos resultados y varias lesiones importantes condicionaron el rendimiento del equipo en las primeras jornadas, generando un contexto complicado. Sin embargo, con el paso del tiempo, el grupo supo reaccionar.

El conjunto ovetense ha terminado metiéndose en el play-off de ascenso a Segunda Asturfútbol, a la espera de conocer su rival. Una clasificación que, para Candano, tiene mucho que ver con la implicación de sus jugadores. "Tengo un vestuario espectacular, con chavales que han dado un paso adelante y que han sacado esto adelante", destaca.

Ahora, el equipo afronta la fase decisiva de la temporada con ilusión, pero también con la serenidad de haber alcanzado ya un objetivo importante. En el vestuario predomina la satisfacción por el trabajo realizado y el orgullo por haber sabido sobreponerse a las dificultades del inicio. El técnico lo tiene claro: el play-off debe vivirse sin presión, compitiendo al máximo y disfrutando de la experiencia. "Vamos a disfrutarlo, que para eso estamos aquí".

Pase lo que pase, Candano insiste en que el grupo ya ha conseguido algo más valioso que un ascenso: la unión del vestuario. Y, fiel a su forma de entender el fútbol, ya tiene en mente cómo quiere cerrar la temporada: una cena de equipo con todos los integrantes de la plantilla y de la directiva para celebrar todo lo sucedido este año. Si es con un ascenso debajo del brazo, todavía mejor.

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