El CP Poeta Ángel González de La Corredoria cambia los libros por una lección con incubadora y huevos de pita pinta asturiana
El alumnado de primer ciclo sigue el nacimiento de once pollitos mientras trabaja Naturales, lectura, responsabilidad y respeto por los animales

Atrás, por la izquierda, Joaquín Gómez, Sara Vigil, Diego García, Elvy López, Adrián Coro y Verónica Turley. En primera línea, también por la izquierda, Luna Manjón, Ruth Romero, María José Bujato y Sonia Camin. / Juan Plaza
Los alumnos de primero y segundo de Primaria del CP Poeta Ángel González, en La Corredoria, participaron en un proyecto educativo con huevos de pita pinta, raza autóctona asturiana, que les permitió seguir en el aula el proceso de incubación, nacimiento y cuidado de los pollitos. La actividad, impulsada por el primer ciclo, sirvió para trabajar contenidos de Naturales, lectura, responsabilidad y respeto por los animales desde una experiencia directa.
El proyecto llegó al colegio a través de la Asociación de Criadores de Pita Pinta Asturiana. A comienzos de curso, el centro estudia las actividades complementarias que puede desarrollar, y cuando el primer ciclo conoció esta propuesta decidió solicitarla. No era seguro que se la concedieran, pero a finales de marzo llegó la confirmación. "Cuando vimos la actividad de la pita pinta, lo tuvimos claro. Somos profesoras muy concienciadas y pensamos que ese proyecto tenía que ser nuestro", explica Elvi López, coordinadora del proyecto.
La asociación llevó al centro la incubadora, los huevos y la información necesaria para poner en marcha la actividad. A partir de ahí comenzó un trabajo diario. Cada doce horas había que dar la vuelta a los huevos y controlar la temperatura y la humedad. El colegio organizó turnos, horarios y rutinas para que los alumnos pudieran participar en el seguimiento. En las primeras sesiones fueron rotando los grupos de primero y segundo. También se hicieron actividades de lectura, se presentaron libros relacionados con el proyecto y se invitó a participar a alumnado de Infantil.
Después de 18 días comenzaron los nacimientos. Durante cuatro o cinco días fueron saliendo los pollitos. En total, once pollitos nacieron en el colegio y permanecieron allí bajo lámparas de calor, con atención diaria por parte del centro. "Fue emocionante, porque veíamos todo lo que este proyecto podía ofrecer a los niños y niñas. Sobre todo, la motivación y la emoción, que facilitan mucho el aprendizaje", señala la coordinadora.
Los pollitos buscan casa
El trabajo no terminó con el nacimiento. Los pollitos pasaron por las aulas y los alumnos siguieron implicados en su cuidado, con tareas de limpieza, agua, comida y observación. Ahora, una vez que ya han crecido, el centro está en pleno proceso de adopción. El colegio remitió una comunicación a las familias de primero y segundo de Primaria para conocer quién podía hacerse cargo de ellos y ya ha recibido numerosas solicitudes. La condición principal es que los animales vayan a un espacio adecuado, con garantías para su cuidado y bienestar.
"Esto lleva tiempo y compromiso de toda la comunidad educativa. No solo del equipo directivo, al que estamos muy agradecidas, sino también del profesorado, del alumnado y de la compañera de limpieza, que nos ayudó mucho", afirma López.
Para Sara Vigil, tutora de 1.º A, la actividad permitió acercar a niños de un entorno urbano a una realidad vinculada al medio rural. "Les está viniendo muy bien para acercarse a la naturaleza y saber cómo cuidar a los animales", indica. La tutora destaca que el proyecto se enlazó con otros trabajos del curso, como una actividad sobre animales relacionada con la radio durante las jornadas culturales. Pero, sobre todo, subraya el aprendizaje práctico. "Es muy positivo para ellos. Trabajan la autonomía, la responsabilidad y los cuidados básicos", explica Vigil.
La dirección del centro también valora el proyecto como una forma de cambiar la manera de enseñar determinados contenidos. Belén Reborio, directora del CP Poeta Ángel González, sostiene que estas iniciativas permiten que el alumnado se acerque a las asignaturas desde otra perspectiva. "Estos proyectos ayudan a que los niños trabajen los contenidos de otra manera. Se enfrentan a Naturales con una visión distinta a la del libro. Lo están experimentando y lo están viendo desde el principio hasta el final", afirma Reborio.
En el colegio destacan que la experiencia modificó la dinámica habitual del aula. Los alumnos esperaban los turnos, observaban los cambios y asumían pequeñas responsabilidades. La incubadora y los pollitos se convirtieron durante varias semanas en parte de la vida diaria del centro, incluso los alumnos más revoltosos se comprometieron con esta dinámica. "Para ellos es una motivación enorme", resume la directora.
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