Pepa Rodríguez, presidenta de AFESA en La Corredoria: "No se puede atender la salud mental con citas cada seis meses"
"La pandemia hizo que muchas personas empezaran a hablar más de salud mental y entendieran que cualquiera puede tener ansiedad, depresión u otro problema. Eso ayudó a normalizar algunas situaciones. Sin embargo, los trastornos mentales graves siguen estando muy estigmatizados"

Pepa Rodríguez en la entrada de la sede de AFESA en La Corredoria. / Pelayo Méndez
Josefa Rodríguez Díaz, a la que todos llaman Pepa, nació el 5 de mayo de 1953 en Cangas del Narcea, aunque desde niña vive en Oviedo. Enfermera jubilada y presidenta de la delegación de AFESA en La Corredoria, llegó a la asociación hace dos décadas por el trastorno de salud mental de su hijo. Desde esa experiencia familiar y personal, reivindica más recursos, más seguimiento público y menos estigma para una realidad que, insiste, "nos puede tocar a todos".
¿Cuándo empezó su relación con AFESA?
Mi relación con AFESA empezó por mi hijo, hace dos décadas. Cuando tenía 22 años comenzó a tener comportamientos extraños, brotes y situaciones que en aquel momento no entendíamos. Yo veía que algo no iba bien, aunque al principio cuesta asumir que pueda tratarse de un problema de salud mental. Mi hijo es una persona maravillosa, aunque en algún brote concreto sí hubo momentos difíciles. Una amiga me animó a buscar una asociación, pedí una cita y, desde entonces, empecé a formar parte de la entidad.
¿Costaba hablar de salud mental?
Antes la salud mental se veía con mucho más miedo y desconocimiento que ahora. Cuando cerró el hospital psiquiátrico en 1989, muchas familias se encontraron perdidas y se preguntaban qué iba a pasar con sus hijos o familiares. AFESA nació precisamente de esa necesidad. Dos madres, a las que siempre se recuerda como madres coraje, comenzaron a organizarse y a buscar apoyo. Con la ayuda de profesionales, la asociación fue creciendo poco a poco hasta convertirse en un recurso fundamental para muchas familias.
¿Cómo ha evolucionado AFESA desde sus comienzos?
Ha cambiado muchísimo desde sus primeros años. Al principio era una asociación formada por familias y con muy pocos recursos, pero con el tiempo fue creciendo hasta contar con numerosos profesionales y servicios. Hoy la entidad atiende a personas con problemas de salud mental y también a sus familias. Además, ofrece apoyo psicológico, orientación social, talleres, formación, orientación laboral, asesoramiento jurídico y acompañamiento. Sin duda, la evolución ha sido enorme.
¿Cuándo llegaron a La Corredoria y cómo es la relación con el barrio?
La llegada a La Corredoria fue muy importante porque el espacio anterior se había quedado pequeño. Antes estaban en El Naranco, en un local reducido, y muchas actividades tenían que hacerse en salas prestadas. En 2017 se unificaron en el local actual la sede central, el CAI y la delegación de Oviedo. La relación con el barrio es muy buena. Este espacio permitió ampliar la atención, aunque actualmente también se está quedando pequeño por el aumento de personas que acuden a los servicios.
¿Qué actividades y servicios ofrecen actualmente?
Uno de los principales es el servicio de Información y Orientación Sociofamiliar, que es la puerta de entrada para muchas personas y familias. También hay psicoterapia individual, apoyo a familiares, talleres psicoeducativos, escuela de familias, orientación laboral, asesoramiento jurídico y acompañamiento a domicilio. Además, la asociación trabaja en centros educativos con programas de sensibilización y prevención, especialmente para luchar contra el estigma y mejorar la comprensión de la salud mental.
¿Ha cambiado el estigma hacia la salud mental?
El estigma ha cambiado, aunque todavía queda mucho por hacer. La pandemia hizo que muchas personas empezaran a hablar más de salud mental y entendieran que cualquiera puede tener ansiedad, depresión u otro problema. Eso ayudó a normalizar algunas situaciones. Sin embargo, los trastornos mentales graves siguen estando muy estigmatizados. Hay diagnósticos que todavía asustan mucho y que la sociedad sigue viendo con prejuicios.
¿Por qué es necesario mejorar la atención pública en salud mental?
Es necesario mejorarla porque no se puede atender un problema de salud mental con citas cada tres, cuatro o seis meses. Cuando una persona está mal necesita seguimiento cercano. Si alguien tiene una neumonía o se rompe un pie, se le revisa en pocos días o semanas. En salud mental debería ocurrir lo mismo. Muchas veces las personas tienen que esperar demasiado para una primera cita o para una revisión, y eso empeora la situación y acaba saturando las urgencias.
¿Faltan recursos en salud mental?
Hay pocos psiquiatras, pocos psicólogos clínicos y las listas de espera son largas. Se han reforzado algunos servicios, especialmente en atención primaria y en salud mental infantojuvenil, pero sigue siendo insuficiente. Además, muchas veces una persona recibe atención psiquiátrica, pero no psicológica, o al revés. Para muchos casos son necesarias ambas cosas: medicación y terapia.
¿Cuál sería el futuro ideal para AFESA?
El futuro ideal sería poder ampliar el centro, contar con más espacio, más profesionales y más recursos económicos. Cada vez acuden más personas a los talleres y a los servicios, pero el espacio y el personal son limitados. También sería muy importante continuar con los programas dirigidos a jóvenes y adolescentes en centros educativos, porque hay mucha demanda. Cada vez se detectan más problemas de salud mental en edades tempranas, incluso en niños, y es fundamental trabajar en prevención, sensibilización y prevención del suicidio.
Por último, ¿qué mensaje le gustaría transmitir sobre la salud mental?
Me gustaría transmitir que la salud mental nos puede afectar a todos. No debe verse como algo lejano ni como algo de lo que haya que avergonzarse. Las personas con problemas de salud mental necesitan comprensión, apoyo, recursos y seguimiento. También sus familias necesitan orientación y acompañamiento. Hablar de salud mental con naturalidad es fundamental para romper el estigma y mejorar la atención.
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