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Crítica / Música

Oboe de estreno

No hubo nada "in extremis" en este dúo de casa con un concierto que incluyó el estreno de la "Fantasía para oboe y piano, op. 8" del propio Omar Majbour (Oviedo, 1983) en compañía de R. Schumann más tres valses para piano de Tchaikovski y unos cuadros de Gilles Silvestrini para oboe solo, todo ello organizado de forma simétrica.

Las "Tres romanzas, op. 94" junto al "Adagio y allegro op. 70" de Schumann fueron el cierre del círculo perfecto, principio y final, auténticos "lieder" sin palabras donde el característico timbre nasal del oboe cantó todas las intensidades con unos fraseos poéticos, destacando la segunda romanza "Einfach, innig", simplemente íntimo, y el "allegro" final tortuoso a la vez que brillante cascada sentimental, siempre de protagonismo compartido con el piano.

Del oboísta y compositor francés Silvestrini (1961) pudimos escuchar dos cuadros que Andrés Fernández pintó con la maestría virtuosa de unas partituras con reminiscencias rusas que exploran sonoridades extremas de un instrumento siempre melódico, el nº 2 primaveral, expresividad incluso espacial en la búsqueda de colores plenos, y un baile español de Manet que me trajo rumores de la caleta de Albéniz por ritmo y canto conjugado en un oboe solo flamenco y mediterráneo, con la Alhambra orientalista de Falla cercana al corno inglés por un registro grave muy compacto, lienzos maestros de Andrés Fernández.

Tchaikovsky es melodía y sentimiento musical, los "Tres valses para piano" que eligió Omar Majbour recordaron los ballets sinfónicos donde la mano izquierda semeja violonchelos mientras la derecha representa la introspección menos bailable, especialmente en el op. 51 nº 6, feminidad entre los masculinos op. 39 nº 9 y op. 40 nº 8 por carácter e interpretación.

Punto y aparte el estreno de la "Fantasía para oboe y piano, op. 8" de Majbour, obra "ad hoc" de plena actualidad con tintes franceses por armonías, un completo y variado discurso más allá del lucimiento del viento, que lo tiene, juegos de notas extremas y disonancias sin perder nunca el sentido melódico, cargas expresivas a base de amplios reguladores y tiempos contrastados, más silencios subrayando un expresionismo cercano. Interesante obra y ejecución "in extremis".

Dos propinas muy del gusto de cualquier melómano: un respetuoso arreglo del "Nocturno op. 9 nº 2" de Chopin con el oboe llevando toda la melodía y el piano original sin ella, más el "Summertime" de Gershwin en perfecto entendimiento de un joven dúo sobresaliente ¡y de casa!

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