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La mar de Oviedo

Ford

Regreso del País de los Nuncas, los jardines de Kensington, donde mi sombra descosida alternó con el espíritu de Peter Pan, y cuando llego al País de Siempre leo el discurso de Richard Ford en el Campoamor; cualquier párrafo supera las obras completas de Dylan, mi admirado cantautor. Las palabras de Ford acerca de la imaginación, o sea el polvo de hadas, invitan al optimismo. Magnífica su cita de Ortega de que la vida nos es dada vacía y hemos de ir ocupándola, y soberbia la advertencia de que nos obliguemos a aceptar al prójimo y a encontrar la empatía y la causa común. Con la versatilidad de estos premios que, como el Nobel, alcanzan varias disciplinas, podían dársele también el de Artes, Ciencias Sociales, Comunicación y Humanidades, Investigación, Cooperación, Concordia, Deportes (fue periodista deportivo, hace pesas y squash) y hasta Pueblo Ejemplar, de tan plural y solidario.

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