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Crítica / Teatro

Nostalgia de futuro

El primer trabajo conjunto de las compañías señeras asturianas: "Margen" y "Teatro Estudio de Gijón"

Los grandes chefs afirman que la suma de buenos ingredientes es un requisito indispensable para la calidad de un buen plato. Y este es el caso del primer trabajo conjunto de dos compañías señeras de la escena asturiana: el "Teatro Estudio de Gijón" (TEG) y "Margen", que está de 40 aniversario y lo celebra con la Medalla de Plata de Oviedo. El autor argentino Mauricio Kartún es el artífice que ha conseguido juntar sobre las tablas a estos dos grandes intérpretes, José Antonio Lobato y Manuel Pizarro, que curiosamente y a pesar de llevar más de treinta años en los escenarios jamás habían coincidido. La idea de montar a este autor parte del TEG, un grupo que se caracterizó siempre por el escrúpulo con que seleccionan los textos y el rigor con el que los trabajan, desde sus afinidades emocionales y estéticas. El proyecto aparcado desde hace ya catorce años por el TEG fue el pretexto en torno al que empezaron a fraguar Lobato y Pizarro este duelo de titanes.

El marco para la "Semblanza Mauricio Kartún" es una escenografía sobria: una estantería, un biombo y unos módulos. Suficiente para que Lobato se ponga en la piel de Mauricio y a través de la dramaturgia de Expósito dé un repaso a su vida. El viento de la pampa en off, con su magnética voz rasgada, provoca un potente impacto evocador. De padre judío y madre asturiana emigrada, Kartún se crió en Buenos Aires como lector letraherido, encontrando en la literatura una forma de realización. Discípulo de Augusto Boal comienza a militar en el teatro independiente y desde allí sufrirá la terrible dictadura militar. Dos bellos fragmentos de "El partener" y "Desde la lona", aquí interpretados con ternura por Pizarro, se cuelan en la semblanza, confundiéndose sus protagonistas con el propio autor. Uno de los momentos más sobrecogedores y hermosos es en el que recita al son de su guitarra un tango melodioso y descorazonador. La verdad desnuda sobre el escenario con un sólo foco cenital. Lo demás sobra. Un lujo. Los personajes de Kartún son perdedores que buscan un lugar en el mundo, seres acabados como Pacheco, el recitador criollo, artista fracasado, que medio borracho reniega de su hijo o Bautista, excampeón de catch que repara su vehículo de los años 40 con el que recorre los pueblos en combates de mala muerte.

En la segunda parte, la pieza breve "Cumbia morena cumbia" nos traslada a un decadente local de baile donde Willy y Rulo, dos seres beckettianos en un "Fin de partida" a la criolla, esperan la llegada de unas señoritas que ya se retrasan veinte años. Una espera donde el tiempo se hace cíclico para estos hombres derrotados, marcados por la enfermedad y la desesperanza, el feísmo y la suciedad, el calor de la pampa y la tormenta que no cesa. Las excelentes interpretaciones de Lobato, que hasta se marca una cumbia y Pizarro, que agoniza confortado por el recuerdo "del olor a Palmolive de la nuca de Marita", confirman su gran envergadura como intérpretes. Es de agradecer que estas dos compañías hayan apostado por este teatro necesario, que reivindica los valores del teatro comprometido, apostando por unos personajes marginales lastrados por su pasado, que miran con nostalgia hacia el futuro. En palabras de su autor, "el teatro tiene que desconcertar, descomponer y cuestionar" al espectador. El público fiel y en sintonía con la propuesta disfrutó de la función y así lo demostró con sinceros y emotivos aplausos.

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