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La mar de Oviedo

Reintegro

No creo en los juegos de azar, me siento atracado cuando tratan de endosarme papeletas para sorteos, y además de tirar el dinero agradecer que me hayan entregado un número con posibilidades, haciéndome sujeto de una esperanza fútil. Me educaron para conseguir las cosas a través del valor añadido de mi esfuerzo; intentar ganarme la vida de bóbilis, bóbilis, se me antoja indigno y de tontos. Conocí a uno que cifraba su felicidad en tocar muy bien el violín, pero saltándose el martirio del Conservatorio y las prácticas diarias; ni el instrumento quería comprar; aspiraba al gordo sin adquirir un décimo. A lo que iba: desprecio los empeños, como jugar a la lotería, donde la experiencia no es un grado y son inútiles los fracasos. Debo reconocer, no obstante, que encontrar trabajo hoy es una lotería en la que, a lo sumo, nos toca lo jugado.

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