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PARAÍSO CAPITAL

Buenavista, acoso y derribo

El estado de la plaza de toros y su urgente recuperación

Opiniones las tenemos todos, claro que sí. Yo mismo siempre tengo un juicio de valor disponible sobre cualquier asunto. No ser experto en nada no me impide manifestarme con naturalidad. Incluso hay temas sobre los que puedo llegar a tener dos versiones antagónicas en perfecta convivencia. La Tauromaquia, por ejemplo.

Me entusiasma el legado cultural, sus lazos mitológicos, su poso en lo popular. Sobre todo su influencia en la historia del arte. Imposible obviar su trascendencia en la obra de Ortega y Gasset, García Lorca, Goya o Picasso.

Miquel Barceló (Príncipe de Asturias de las Artes 2003) opina que La Fiesta tiene todos los componentes para resultarle odiosa y sin embargo es de las pocas cosas que le gustan. Guardo memoria de la exposición que le dedicaron en Trascorrales con motivo del galardón, presidida por una visión aérea de una plaza de toros en texturas de belleza inquietante y apasionada.

Sin llegar a tanto, recuerdo con cariño las tardes frente al televisor, con mi padre, viendo los toros. Escuchando admirado sus explicaciones. Disfrutándolo, sí, como arte. A pesar de la tortura monstruosa, que cada vez me parece más difícil de superar.

Oviedo nunca ha sido ciudad taurina. Dentro del mundillo estaba considerada plaza de tercera. Como carbayón me resulta una calificación dolorosa. Aunque solo sea porque, como edificio público, nuestro coso resulta de una belleza luminosa. Lleva además la firma de Juan Miguel de la Guardia, arquitecto sentimental de Vetusta.

Rodeada por un ensanche de grandes edificios, situada en medio de una de las calles con más tráfico, más contaminadas, más ruidosas e incómodas de transitar, sentarse en sus jardines sigue resultando un ejercicio agradable y refrescante. Abstracción del entorno que sólo ofrecen las obras de arte sublimes. Me sigue pareciendo urgente recuperarla de su alarmante estado de abandono: Semiderruida, acosada por la vegetación que la está devorando, señalada por los grafitis como cadáver arquitectónico.

Esta semana se ha celebrado una concentración protaurina a los pies de la plaza. Poco numerosa, la verdad. En la foto apenas se contaban once enmascarados y una bicicleta. Podríamos denominarlo una super-minoría.

Sin embargo, me pareció interesante el mensaje que planteaban. Recuperarlo para su uso natural compartido con otras actividades artísticas, culturales y deportivas.

He ido aquí a los toros un par de veces. No encontré lo que creía disfrutar por televisión. Más veces han sido las que acudí a conciertos. "The Christians", Van Morrison, "The Chieftains", Lou Reed. Esas sí, fechas memorables a la altura del recinto. Las super-minorías no están muy valoradas en democracia. Es cierto que tienen su espacio, sus derechos, pero, por definición, nunca se salen con la suya. Quedan a merced de la improbable generosidad de la abrumadora mayoría.

Actualmente, sólo Patrimonio, en su inmovilismo, parece creer en la Plaza de Toros de Buenavista. Esto no es una opinión sino un instrumento fundamental de la sociedad para proteger su Historia. Poco eficaz, visto lo visto.

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