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En busca de las virtudes perdidas

La reconstrucción ética que reclaman los tiempos

Los demonios de la pandemia y de la economía hacen cada día más difícil asomarse a la vida, va creciendo la sensación de desencanto, de callejón sin salida, son cada vez más voces las que hablan de una situación generalizada de fracaso, que no es más que decir a las

La gente va tomando una conciencia cada vez más asfixiante de una crisis cuya solución es difícil entrever. Crece el miedo social, la necesidad de atrincherarse, la impotencia. Hemos vivido a un ritmo que empieza a resquebrajarse.

El desencanto es, sin embargo, más profundo y abarca el ámbito de lo político y lo social. Crece la desconfianza y se tiene la sensación de "estar tocando fondo". Y crece también el número de gente desilusionada, decepcionada, sin esperanza por vivir, no ya una vida mejor, sino sencillamente, vivir.

En medio de todo esto aparecen los "profetas de la muerte", que sólo nos anuncian desastre, destrucción, y un túnel sin salida. Los "profetas de la involución" nos urgen a volver sobre nuestros pasos para encerrarnos de nuevo en viejas "seguridades" del pasado, en formulas ideológicas trasnochadas.

Pero, hay una manera de leer esta realidad con otros ojos. Quizás estamos viviendo un momento privilegiado, perdida la confianza y seguridad que habíamos puesto en nuestra sociedad podremos inventar una manera nueva para nuestra sociedad. Tal vez, el tiempo de desencanto es un momento cargado de posibilidades y de futuro, porque puede ser un punto de arranque para una búsqueda más acertada de una manera nueva de vivir.

Es el momento de pasar a un desencanto pasivo a un nuevo estilo de solidaridad, a la preferencia eficaz por los más débiles de nuestra sociedad, a la atención más cuidadosa por nuestra casa común que es este mundo, a la recuperación de las virtudes que nos ayudaron a ser una sociedad más humana. ¿En qué dirección? ¿de qué virtudes olvidadas estamos hablando?

Pasar de un pragmatismo interesado a la defensa de las personas. Más allá de la economía o el rendimiento político, que lo más grande, lo que nunca debe ser sacrificado a nada ni a nadie, será cada persona.

Del individualismo exacerbado que grita "sálvese quien pueda", volver a creer en la solidaridad y preocupación por el otro. Ningún ser humano debe quedar abandonado a su desgracia, excluido de nuestra mirada.

De la violencia y el enfrentamiento destructor que nuestros políticos han convertido en un modelo social, al diálogo, al encuentro reconciliador. No hay futuro si no es desde el respeto mutuo, la tolerancia y el acercamiento.

De la apatía y la insensibilidad social que prohíbe pensar en las víctimas, a la compasión. Sólo es de verdad humano quien sabe mirar la vida desde el sufrimiento de los excluidos en esta carrera de supervivencia.

Frente a un tipo de organización social que solo piensa en la eficacia y el rendimiento, que no mira al corazón del otro, que no entiende de ternura. Una mirada atenta a las personas que necesitan afecto, cariño y compañía para no caer en la desesperación.

Frente al desencanto y la crisis de esperanza, tal vez sea bueno recuperar otras esperanzas. Estamos necesitados de una mirada más positiva y confiada? en la política, en la sociedad, en la economía? y por qué no, recuperar un poco de Dios, de su mirada amable, de sus palabras de vida.

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