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CRÍTICA / MÚSICA

Renacer sinfónico

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, con un programa arriesgado y complejo, demuestra buenas sensaciones en el primer concierto de la nueva temporada

Tras actuar en el Festival de Santander y haber realizado un ciclo de conciertos por diversos pueblos de la geografía asturiana considerados BIC, la OSPA regresaba al Auditorio Príncipe Felipe para reencontrarse con su público después de medio año distanciados, recuperando para la ocasión la velada musical prevista para mediados de abril del curso pasado. Con la directora polaca Marzena Diakun a la cabeza, pusieron en liza un programa complejo y poco común, compuesto por obras de Martinu y de Weinberg.

Desde los primeros compases de la "Tercera Sinfonía" de Martinu se percibió a una orquesta muy compacta, con especial atención al volumen y celosa de llevar a cabo unas dinámicas bien ajustadas y efectistas para explotar la emotividad de los momentos más dramáticos. El "Largo" se desarrolló entre la sonoridad brillante de la cuerda y la belleza del viento madera, con protagonismo en pasajes de gran lirismo. La atmósfera esperanzadora que dejó el "Andante" final, gracias a las modulaciones de la obra del compositor checo, puso el broche de oro a una ejecución muy aseada de la Sinfónica del Principado, con gran equilibrio y concentración.

En cuanto a la "Rapsodia sobre temas moldavos", su interpretación combinó unos pianos delicados y elegantes con fragmentos donde Diakun supo dotar a la orquesta de una mayor libertad. Prevaleciendo sobre este contraste se mantuvo, en todo momento, el componente rítmico, que aportó vitalidad y frescura a la obra de Weinberg; una pieza compleja en cuanto al tratamiento de los tempi en la que la OSPA se mantuvo bastante bien ensamblada.

Por su parte, Marzena Diakun, a quien tal vez veamos con mayor frecuencia en el Auditorio ovetense las próximas campañas, mostró sus cualidades a la perfección: sobriedad, energía y una dirección alta que favorece los gestos nítidos y su entendimiento con la orquesta.

En definitiva, un concierto en el que la OSPA evidenció unas buenas sensaciones, donde se plasmó el concienzudo trabajo desarrollado durante la semana y se percibió la ilusión a uno y otro lado del escenario. La velada musical sirvió de homenaje a las víctimas de la pandemia y al público, pues, en palabras de Ana Mateo, gerente de la agrupación asturiana, "sin ustedes, nosotros no tenemos sentido". La OSPA no ha fallado, estamos convencidos que el público asturiano tampoco lo hará.

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