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PARAÍSO CAPITAL

Carbayones conversos

La estrecha relación entre la ciudad y los galardonados con los premios "Princesa de Asturias"

Insisto muchas veces en la trascendencia internacional que le otorgan los premios "Princesa de Asturias" a la ciudad. Lo hago por aquello de buscar un punto de vista objetivo, por dar un argumento de peso, pero en realidad es casi una pose.

La gran verdad es que a mí me gustan los Premios porque me gustan, los siento como algo propio, son parte de mi folclore particular. Algo que los de fuera pueden valorar, pero que no van a poder llegar a comprender en toda su grandeza. Crecí fascinado por su brillo y su solemnidad. Es como la Semana Santa para los sevillanos, los carnavales para los gaditanos, las fallas, los sanfermines. Si no eres de esos lugares, el placer no es completo.

Así que, cuando a lo largo del año se van reuniendo los jurados y se van desgranando los nombres de los ganadores, ya me van dando ramalazos de alegría. Investigo los méritos de los personajes que no conozco, y celebro a los que sí tanto como el gol del Oviedo al Sporting este fin de semana. Si este año no nos hubiese pillado la noticia del galardón a John Williams y Ennio Morricone en pleno encierro pandémico, me habría rebozado en un charco de barro como un cochinillo feliz.

Después de su paso por la ciudad siento a los premiados como antiguos y queridos vecinos, carbayones conversos. Amin Maalouf, Stephen Hawkings, Scorsese, Coppola, Niemeyer, Paul Auster, incluso la Wikipedia. Cuando me cruzo con sus nombres por la vida pienso: ese es de Oviedo. Como yo.

Sé que no soy el único al que le pasa. Vetusta ha visto marcharse a Quino con una sonrisa melancólica y emocionada. La estatua de Mafalda se llenó de flores y alguna carta de despedida. Ya le queríamos antes, claro, pero desde su paso por Oviedo era además de un genio, un amigo. También, tan sólo hace unos días, he observado muestras de afecto ante la desaparición del hispanista Joseph Pérez. Uno de esos nombres no tan mediáticos pero que son los que dan verdadera profundidad a nuestra fiesta.

Los Princesa nos han dado momentos de gran belleza. De manera muy personal, cuando el mundo se me viene encima por la razón que sea, recurro al discurso que improvisó Leonard Cohen en el Campoamor. Pura inspiración. Me anima a seguir con mi camino a pesar de los reveses que pueda sufrir y la dureza del camino que quede por recorrer.

También comprendo que haya quién no comparta esta emoción, y las razones que algunos tienen para rechazarla. A estos quisiera pedirles que nos dejen disfrutar de lo nuestro, al menos mientras exista tal y como es. Que escojan otro momento y otra ocasión para ejercer sus derechos. Otro canal que resulte más eficaz y menos ruidoso.

Pero no quiero abundar en eso. Esta semana llegan los premios, que cada vez son menos distantes y más participativos. El mundo posa su mirada sobre nosotros. Tradición, cultura, desarrollo, convivencia. Sí, una vez más me siento muy orgulloso de recibir a los nuevos vecinos en nuestro Paraíso Capital. Bienvenidos.

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