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CON VISTAS AL NARANCO

Cigarrillo en la calle

El cuerpo de guardia estaba espeso de tabacazo y de blasfemia, Martín Santos / Benet, "El amanecer podrido"

Hace días llamé la atención a un madrileño que tiraba colilla cigarra. Era la terraza de Rívoli; espacio, confortable sin terco orbayu, ganado, o perdido, a los antiguos jardín de Tartiere y casa del guardés. Esquina pionera en cemento tipo porland de Tudela Veguín.

En Singapur, incluso en la cercana Escocia, sancionan a quien arroja a la acera diminuto papel.

Rodrigo Grossi, seguramente mejor concejal de Oviedo que alcalde de Llanes o subjefe provincial del retrógrado Movimiento, estaba empeñado en que perros y humanos no ensuciaran. Me sirvió de aliado silente para calidad cívica en la oposición a mi Alcaldía. También Fuego, Amandi, Zarracina, García Arias, Mori, Bango, Landeta, Llano, Ovidio Sánchez, Eduardo González, Teté Corominas, Polanco, Bravo, Aurina? prestaron colaboración inestimable en gobierno municipal que les necesitaba.

No olvido el encomiable esfuerzo de Ignacio, Tito, Sánchez de Posada por reducir excrementos caninos, y a Alberto Hinojal por pilas inservibles, en tiempos en que se daba escaso valor al medioambientalismo. Tito, admirable cardiólogo, creó la mal llamada pista finlandesa, que mantiene popular nombre.

El bando pionero por la pureza del aire mereció extraña contrariedad sindical.

Muy viajado, me tocó constatar la lucha primigenia al tabaquismo en algunos estados americanos, incluso en antiguos productores, y las restricciones de aerolíneas. En la NYC de Rudolf Giuliani se barajó indiciariamente prohibición total en las calles de Manhattan. En la pequeña cafetería del aeródromo La Guardia pude ver cómo reñían a un colega abogado que, fumando desde lugar autorizado, su humo traspasaba la línea convencional. ¡Y no había coronavirus! En la City londinense fui testigo, ante la estatua del fumador Churchill, que saca Pepe Monteserín en "Con mucho busto", de indebidas humaredas. También estuve en las limitaciones italianas coincidiendo con las "noches blancas romanas". Humorísticamente, en sus múltiples genialidades, Emilio Alarcos sostenía que fumar ¡remediaba la tos!

Pero, en definitiva: El humo, cancerígeno para pulmones, esófago, estómago, páncreas, laringes, sucio, transmisor viral...

Mi mujer y yo pensábamos que cuando la norma antitabaco llegase a España habría incumplimientos pícaros por doquier, en lo que erramos afortunadamente. Nuestro pueblo astur ha adquirido serena madurez tal constatamos con el covid, ante el que, Barbón dixit, no hay que bajar la guardia, aunque sea expresión de mi denostado boxeo, antipedagógico, antihigiénico y antideportivo. Rubén Suárez, que tristemente acaba de fallecer, me dijo en unánime borgeana noche, contra pronóstico entonces casi unánime: "El cambio democrático será sin trauma".

Paco Ignacio Taibo II narra en delicioso libro ("La Libertad, La Bicicleta") cómo su padre recogía puntas de tabaco que refumaba su abuelo en prisión.

Por convicción renunciamos a escupitajos y, casi, aunque no del todo, a restos animalarios de mascotas. Si pavoneamos ciudad limpia, ¿por qué no otro gesto social de mínima pulcritud?

El buen recibimiento a madrileños incluye exigencias del Paraíso Natural y la Señora Pandemia.

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