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Gonzalo García-Conde

Paraíso capital

Gonzalo García-Conde

Levantando las persianas

A los comerciantes que vuelven a la lucha diaria

Cuando este periódico ha salido hoy de la imprenta rumbo a sus puntos de venta habituales, muchos de nuestros vecinos se han levantado con los nervios y con la ilusión de arrancar de nuevo.

La reapertura del pequeño comercio después de un noviembre negro no supone la salvación segura para estos pequeños empresarios, o por resultar más precisos, para estos trabajadores autónomos que pagan rentas, sueldos, y un sinfín de pequeñas facturas. No se puede considerar una nueva oportunidad para ellos. No todos sobrevivirán al brutal golpe. Supone poco más que la devolución de sus legítimas preocupaciones diarias. Les vuelve a poner en la lucha. En la carrera para hacer frente a sus pagos. Pero algo es algo, al menos morirán de pie y no encerrados en casa, en esa especie de exilio que suponía el cierre forzoso.

Oviedo no es la misma ciudad que hace cincuenta o sesenta años. En la misma medida que Asturias tampoco es la misma región ni el mundo el mismo mundo. Se acabó el carbón, la reconversión industrial no hizo acto de presencia en nuestra región. La globalización, sin embargo, sí arrolló muchas de nuestras tradiciones.

Una de las señales más significativas fue la paulatina desaparición de ese comercio tan singular, tan variado, de tan alta calidad y buena competencia que había en Oviedo. Aquellas boutiques de señora tan sofisticadas (Modesta, las Valtueña por poner algunos ejemplos), aquellas joyerías como la de Pedro Álvarez, corseterías, sastrerías, sombrererías. Negocios que convertían a nuestra ciudad en una de las más elegantes de España. Aún queda algo de eso, de una manera más romántica que comercial. Buenos comercios con personalidad propia de los que ya casi no se encuentran en otras capitales, incluyendo Madrid. Los que hoy han levantado sus persianas preocupados pero orgullosos.

En el horizonte, algunos de esos demonios globales que la nueva sociedad les dicta: Amazon, el Black Friday, la venta online de las grandes superficies.

Mientras tanto la hostelería debe seguir esperando. Viendo cómo los ciudadanos salen a la calle y ocupan los bancos de la ciudad y los escalones de las plazas. Cómo aprovechan los últimos rayos de sol del otoño tomando sus cafés en vasos de papel, en vez de estar sentados en sus permanentemente desinfectadas terrazas. Uno de esos sinsentidos ridículos que surgen cuando se legisla aprisa y corriendo.

Ese deambular de chigreros míticos que se mueven por la ciudad como zombis es sin duda una de las imágenes que nos dejará este año horroroso. Ya se aventuran fechas posibles, dicen que quizá después del puente de la constitución, que se espera que estén trabajando a buen ritmo en navidades. Dicen, aventuran. En este año de incertidumbres un buen rumor da y quita esperanzas de un plumazo.

Hay por ahí un virus del que no paramos de hablar pero del que da la sensación que cada día sabemos menos. Que crece y mengua, mata o da treguas con independencia de lo que hacemos por controlarlo. El tema hoy es que se vuelven a levantar algunas persianas. Suerte a los que vuelven a la primera línea de fuego.

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