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Roberto F. Osorio

La pasión montañera de Alberto Polledo

Las conversaciones sobre rutas por Quirós con el librero ovetense fallecido

Con la fatal noticia de la pérdida de Alberto Polledo, escritor, librero, montañero, luchador y amigo se vienen a la memoria tantas imágenes y recuerdos que aprisionan el ánimo.

Conocí a Alberto en los años noventa del siglo pasado, cuando mis pasos se encaminaban diariamente al caserón de la calle San Francisco para instruirme en leyes, ordenanzas y constituciones. En su templo de la librería Santa Teresa oficiaba Alberto la docencia en libros y naturaleza. No recuerdo cómo fue la primera toma de contacto, pero puede que fuera a través de José Osorio, quirosano de Ricao, taxidermista, cazador y gran conocedor del monte, del comportamiento de la fauna salvaje de mi concejo quirosano, y amigo y compañero de caminatas de Polledo. Desde entonces, una vez a la semana, al menos, me detenía a charlar con Alberto de rutas y lugares, de nuestra colaboración común con LANUEVA ESPAÑA, compraba algún libro o disfrutaba del ambiente de aquel vetusto y entrañable local, que se había quedado anclado en décadas pasadas, pero que siempre tenía las novedades editoriales en aquel amplio escaparate.

Alberto Polledo publicó en 2002 el libro “Quirós, pueblo y rutas” (Madu) en el cual visitaba los pueblos de mi municipio, y describía alguna de las muchas rutas que había hecho tantas veces el librero de la calle Palacio Valdés. Su coche que era habitual en los fines de semana en el comienzo de cualquier pista o al pie de cualquier pueblo, denunciaba la presencia de este inagotable andarín que, en silencio y sin molestar, disfrutaba de los encantos de la fauna, flora y paisaje. Por aquella época ya había colaborado con un texto en el número cien de la publicación local “El Periódico de Quirós”, modesta obra de ingeniería periodística que se publicaba cada dos meses. También le pedí, en aquellos primeros años del siglo XXI, que presentara las I Jornadas Gastronómicas de Quirós, cosa que hizo con buen humor y con mejor letra y voz. Con su primera frase ya dejaba claros sus sentimientos por Quirós “Después de una temporada sin acercarme a estas hermosas tierras, tan enamorado estoy de ellas que unos pocos días me parecen un periodo de tiempo exagerado” y que continuaba párrafos después con “… no me queda más remedio que declarar que amo el solar quirosano como un trozo de mi vida,…”. Pero como Alberto tenía el corazón muy amplio repartía amores para cada rincón de Asturias y de ese Oviedo que tanto amaba y sufría.

Por eso ahora, acompañado de aquel discurso que me dedicó en su libro sobre Quirós, del último libro que compré en su añorada librería, pocos días antes de cerrar, “Historia de Asturias” (KRK) o de su novela “Cadaval, la venganza de un guerrillero” me consuela pensar que pude disfrutar de la amistad de una gran persona, de un enamorado de los libros, de la naturaleza y de la tierra asturiana por la que tanto luchó en variadas causas. Tus obras serán un testigo inmemorial de tu gran labor en esta vida. Muchas gracias, Alberto. Ya te echamos de menos.

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