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Gonzalo García-Conde

Paraíso capital

Gonzalo García-Conde

Inmersión en el color explosivo

La provocadora iniciativa artística de Israel Sastre

Me he dado prisa para ser uno de los primeros en visitar el Museo de Feas Artes (también llamado MUFA by Deciversa). Una propuesta inmersiva de Israel Sastre e Inés Álvarez.

Por norma general, desconfío de las provocaciones muy obvias. Mucho más en lo que al mundo del artisteo se refiere. Es como una muletilla que ha tapado demasiadas faltas de creatividad y la ausencia de un discurso coherente, de un mensaje. Hay que hilar muy fino para poner en valor la belleza o la trascendencia de lo vulgar.

Esa es la razón por la que algo que se llama Museo de Feas Artes hace que se activen todas las alarmas de mis prejuicios. Estoy de acuerdo en que es válido e incluso necesario desafiar al espectador y hacerle recalcular sus límites. Pero hay que saber hacerlo.

El MUFA es un edificio de la calle San Antonio. Cinco plantas intervenidas artísticamente en su totalidad, incluyendo escalera, terraza y patio. Hay murales, cuadros de todos los tamaños y temáticas, esculturas, manchas, escombros y complementos.

Israel Sastre, padre de esta idea, dista de ser una persona que pasa desapercibida. Su figura gallarda y extrovertida define al primer golpe de vista la singularidad del personaje: el brillo de la mirada, la barba vikinga, una manera única de interpretar la moda, orgulloso miembro del club del pecholobismo. Genio y figura de los suburbios de Vetusta.

Sin embargo, al abrirnos la puerta de su gran obra, lo hace abrumado y cargado de responsabilidad. Agradecido por el interés y por la visita. Cede todo el protagonismo, no se viene a ver al personaje, el paseo es para el espectador dentro del laberinto. El visitante no van a encontrar un estilo claro, sino una mezcolanza muy desconsiderada para con los cánones del arte. Expresionismo, naïf, huesos y esqueletos, lo mexicano, lo fálico, el arte sacro y el pagano; Berlín, lo visceral, lo bizarro. Regresan al ruedo infinidad de objetos reciclados. Incluso basura. Hay, por ejemplo, una lámpara rematada con bolsitas de té usadas y llega a conseguir que se considere eso como una posibilidad.

No se trata de recuperar algo roto o caduco para dotarlo de una nueva vida. Es más bien que Israel se ha adueñado de esos elementos, y de su espíritu, y los ha vampirizado.

Pero Sastre casi rechaza que se le etiquete como artista. Quizá por su falta de academicismo. Todo lo que vamos a percibir de su propuesta es claramente más intuitivo que meditado. De hecho, aunque nos vamos a hartar de ver su firma en cada pieza que compone la muestra, él señala la figura de Inés Álvarez como la que ha logrado dar coherencia a toda la idea. Un trabajo de galerista que no pasa desapercibido y que, sentado ese diálogo, llena de sentido la errática magia creativa de IS/RA.

Un par de datos: sólo se puede visitar previa reserva por redes sociales y el precio de la entrada es una voluntaria aportación de alimentos no perecederos o productos de higiene personal que serán donados a Las Meriendas Solidarias del Oviedo Antiguo.

El resultado es una burbuja de color explosivo que te absorbe. Un mundo imaginado en el que sumergirse sin miedo a las consecuencias. No se dejen engañar. No hay nada feo en el MUFA. Sólo pretenden provocarles para captar su atención. Dejen que les seduzca, no se lo pierdan. Es un ejercicio de excelente buen humor. Y olviden sus prejuicios.

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