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Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Pájaros invernales

Paxarinos que vais cantando decidle a ella...

San José, Víctor Manuel

Ha tiempo, a la atardecida, los pájaros picoteaban el balcón. Hogaño, sin embargo, reconocen de sobra el lugar y, despechados, no posan en cercanías para hacerlo más lejos y arriba, sobre tres ramas, las mismas todas las tardes, de un saliente arbóreo francisco. Sucede a la caída solar, al contrario que en los amaneceres venatorios de Frígilis y Quintanar, siempre que Oviedo incumple destino poético del Lloviedo de Fernando Beltrán y aunque sea el topadizo “nunca llueve, orbaya”, logro de García Pavón. Ninguno el jilguero, cuya acronía perpetua fijaba Sarandeses a Avello en memorable carta a este periódico. Otras cómplices manadas pasan, delante y detrás, pero los del ramal no se inmutan, por minutos encogidos dontancredo; luego, ya el Campo oscurecido en espera de la unánime noche, sin que parezcan contar las florituras navideñas de abajo, los estorninos, mascotas de Mozart, se largan a parte inalcanzable.

En mi tiempo municipal, un edil denunció a otro colega por eludir rigores rurales solicitando en Siones, Caces, Observatorio de migraciones aviares. Dilema: norma versus ardid picarón.

Las Caldas, Termas Altas, y Siones estaban en el narrador clariniano a dos leguas y media del Poema en Piedra Catedralicia; más cerca mis pájaros enramados, tampoco referenciados por un tal Tomás Crespo, Frígilis, que, pasado siglo y pico, puede haber fallecido, o resurgido en espíritu ONG tipo Greenpeace. Identidad de recorrido y retorno de las escrituras modernas, escribas sagrados titulaba el malogrado Mariano Arias. Desde luego, consta que, contra su inseparable Quintanar, al darwinista y bondadoso Frígilis, con calle en su Oviedo introducida por Luis Canteli, lo indultó el autor, y ni suena desaparecido en las guerras, ya la incruenta del Desarme carlistón, la de Cuba –el genocidio MATANZAS, topónimo de la novela, fue trescientos años antes–, o la In-Civil que califica su señoría Salmón. Cupo el óbito en la gripe española ¡cualquiera sabe entre innúmeras bajas y la superviviente Regenta y demás inmortales personajes! Los entrometidos de Vetusta no mueren sino liquidados por necesidades del guion (Quintanar, Barinaga...).

Los paxarinos, silentes, contra la poética de Víctor Manuel; a lo más, centinelas fugaces en el Campo San Francisco, que hay quien busca destrozar con restaurante de lujo y aditamentos. Gastronomías depredadoras de Vegallana. ¡Peor LA FIESTA DEL CHIVO!

Hamlet optaría entre páxaros y pegote PAVO REAL: Ser o no ser. ¡Cuestión de Ciudadanía y Naturaleza frente a cobarde crimen edilicio!

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