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Andrea García Torres

Crítica / Música clásica

Andrea García Torres

Kozhukhin y el piano poético

El ruso mostró que el virtuosismo no es solo cosa de agilidades

Kozhukhin, en el Auditorio. | I. Collín

Kozhukhin, en el Auditorio. | I. Collín

El pianista ruso Denis Kozhukhin, ganador en 2010 del prestigioso concurso Queen Elisabeth, sustituyó a Vadym Kholodenko en el concierto de abono del pasado viernes de la Orquesta sinfónica del Principado de Asturias. Abrió el programa el Concierto para piano y orquesta en la menor, con un primer movimiento temperamental que Kozhukhin abordó con resolución pero sin estridencias, siempre apoyado en su técnica y con el objetivo de ofrecer una sonoridad amplia y momentos de reflexión poética. Conoce bien esta obra, por lo que estuvo cómodo y relajado durante toda su intervención, atento a la orquesta y a las indicaciones del director Christian Vásquez. El Adagio, el segundo movimiento, invitó al recogimiento y a recrearse en las melodías, cantándolas, para concluir con el último movimiento, muy rítmico y con sabor popular, no exento de pasajes complejos y momentos brillantes para el solista. En la propina quiso seguir la misma línea del concierto y recurrió de nuevo a Grieg, dejando claro que el suyo no es un virtuosismo solo de agilidades, también se aplica a cuestiones musicalidad y lirismo.

Cerró el programa la Sinfonía nº 3 de Johannes Brahms, una partitura canónica que la agrupación conoce bien, en definitiva, una obra de esas en las que la OSPA suele crecerse. El primer movimiento, aún sin renunciar a un sonido redondo y de gran profundidad, pidió más emoción y hubo algunos desajustes. El segundo movimiento prestó atención al fraseo y el tercero, muy flexible en lo que al tempo y las dinámicas se refiere, priorizó la intención y el sentido de la frase por encima del volumen. Debutó en el podio de la sinfónica asturiana el venezolano Christian Vásquez, formado dentro del Sistema Nacional de Orquestas fundado por José Antonio Abreu, y como concertino invitado estuvo Pierre Frapier, muy expresivo a la hora de indicar cómo proceder a su sección, quien pareció tener una visión personal de esta obra.

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