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Antonio Masip

25 años sin Poto

Aniversario del asesinato de Fernando Múgica

Los aniversarios no me conmueven especialmente, pero este cuarto de siglo sin el Poto me trae demasiados recuerdos. Cuando cesé en la Alcaldía, hubo unos meses, con la coordinación de José María Mohedano, que ideamos una sociedad de bufetes que cubriese España desde las regiones. No se efectuó, pero mantengo por Fernando Múgica afecto imborrable y desprecio a sus asesinos. Conocí también a Javier Ybarra, ¡qué buen libro “El comensal” de Gabriela, su nieta; a Enrique Nieto, inspector ovetense, cuya hija reclama justa atención; a Gregorio Ordóñez y Enrique Casas, de los que se habla más… a los secuestrados Allende, que era mi odontólogo; Lipperheide, melómano que frecuentaba nuestra temporada operística; Javier Rupérez… Heridos graves como Recalde, líder del FLP y copropietario de Lagun, y Edu Madina... Mohedano ejerció honorablemente, entre amenazas, la acusación a los asesinos.

Poto, grandísima personalidad que los pronunciamientos políticos no deberían omitir.

Mal cristiano que soy, de la gentuza terrorista no perdono la bomba que me pusieron Guerrilleros de Cristo Rey (Tartiere, Barthe…) ni la que un emulador etarra colocó en la Casa del Pueblo siendo yo secretario de la AMSO. En mis casos no hubo muertes, pero mi solidaridad es total con los Múgica y otros, con los que la España democrática sigue en deuda.

Es absolutamente intolerable que Bildu condicione decisiones parlamentarias. Debería producirse pacto que lo evite, incluso votando, o absteniéndose, los electos precisos para impedir influencias de quienes no condenan terrorismo. ¡Cuánto siento que Oriol Junqueras, al que sinceramente respeté en Bruselas, se haya exhibido con Otegui!

De las últimas veces que vi a Poto, como le llamaban, fue precisamente entre lágrimas en el entierro del senador Casas, víctima antes. Luego nos encontramos en la Costa del Sol, a la que gustaba bajar. Probablemente haya tratado más a su hermano Enrique, que compartió cárcel con el también inolvidable José Ramón Herrero Merediz, visitó mi casa, cliente sucesivo de mis libreros Cepeda y Valdés, nos encontramos en el burgalés juicio a Garmendia y Otaegui y compartimos La Gruta, restaurante de grata memoria. Este aniversario atraganta y duele. Han pasado 25 años, pocos para olvidar a Poto y a sus asesinos.

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