Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Concha era esencial

Cuentan que una vez, en los jardines de la Universidad de Oxford, un visitante se acercó a un jardinero y le preguntó cómo podía ser posible que tuvieran un césped tan verde y en tan buen estado. El jardinero le contestó una gran verdad: “Oh, es muy fácil, basta con cuidarlo día a día, con cariño, durante 9 siglos”.

Para entender la importancia de la figura de Concha Quirós y su papel en la ciudad, en la región y en el mundo cultural en general, habría que ofrecer una perspectiva del día a día de las más de seis décadas que ella estuvo al frente de la librería. No debe de ser sencillo –y los hechos, desgraciadamente, lo confirman– mantener durante tanto tiempo una librería familiar en una capital de provincia. Hay que trabajarlo día a día. Pero no basta con eso. También hay que tener algo más.

Concha Quirós era una persona esencial. Para Oviedo. Para Asturias. Para la sociedad. De profesión, librera. De personalidad, pionera. Era generosa con los autores, con las editoriales y con los lectores. A sus 85 años (¿quién diría que tenía 85 años?), era una gran innovadora. Nunca decía que no de primeras. Enviaba cada semana, vía whatsapp, las numerosas actividades que organizaba. Siempre estaba proponiendo.

Fue una líder. Era independiente. Lo hacía todo fácil. Motor cultural de su entorno –ni ella misma debía ser consciente de la cantidad de proyectos a los que ayudaba–, su empuje convirtió Cervantes en un referente que va mucho más allá del mundo de los libros. Es un espacio en el que todos los que entran –autores súper ventas y primerizos; editoriales globales y locales; lectores habituales o paracaidistas– se sienten cuidados, apoyados y respetados.

Fernando Valverde, presidente de la Confederación de Libreros, entrega a Concha Quirós y a su sobrino el premio “Librero Cultural” 2002. | N. Orejas

Contaba ayer LA NUEVA ESPAÑA que fue la primera mujer que condujo un coche en Oviedo. Y es fácil imaginarla con esa sonrisa permanente suya, con la que parecía que cerraba los ojos, abriendo camino a tantas y tantas mujeres. Conduciendo. Emprendiendo. Liderando.

Si Cervantes –una librería de cuatro plantas en el centro de una capital de provincia– estuviera en Nueva York, en Londres o en Buenos Aires, sería un lugar de culto. Como la tenemos ahí todos los días, a veces no la valoramos como se merece.

A Concha le gustaba decir que Cervantes cumplía en 2021 su primer siglo de vida. Para que, dentro de un siglo, algún visitante se acerque y pregunte cómo es posible que un espacio así se mantenga durante tanto tiempo, los ovetenses debemos cuidarla día a día, con cariño. Exactamente igual que hizo Concha en los 63 años que estuvo a frente. Será la mejor manera de honrar la memoria de una gran carbayona, que tenía el carisma necesario como para conseguir que haya personas a las que la palabra Cervantes las lleve antes a Oviedo que a algún lugar de La Mancha.

Compartir el artículo

stats