Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Asturias marca caminos

Picasso y Alberti, de consuno, o quizá coordinados por Pepe Bergamín, en ese exilio tan denostado por el vicepresidente del Gobierno, a principios de los sesenta mitificaron la respuesta sociopolítica de Asturias. Algo hicieron muy luego Toni Tàpies y José Ángel Valente en póster conjunto, y Eduardo Arroyo grafiando mujer de afeitada cabeza, solidaria con la huelga del 62. Un poeta menor, Pedro Garfias, rescatado por Víctor Manuel San José, popularizó la trascendencia astur para un cambio que marcaba, machadiano o ayalino, camino. El trayecto parecía irreversible hasta 23F, Covid, Vox, Hasél... Asturias no podía cruzarse de brazos y respondió con una madurez superior al resto del país, empuñada la misma lámpara que emocionaba al mejor pintor desde Altamira, encarando el covid como nadie, incluso al tontaina Hasél, colocado en su sitio espontáneamente en sus partidarios cuando intentaron moverse en Gijón (“¿A ónde vais, home?, ¿sabéis lo que ye una Dictadura?”).

A principios del siglo XX cuajó un dicho que se atribuía al incipiente socialismo dos cabezas, una en Madrid, la otra en Mieres. Era sin duda una ideología exportada del norte de Francia y el sur de Bélgica, que granó aquí en el ambiente propicio que describe, entre otros, Isidoro Acevedo en “Los topos”. No puede ser casualidad que al frente de la Delegación del Gobierno haya ahora una mierense que se ha apuntado grandes tantos contra la covid, que ella misma sufrió, y en la ridiculización del ultraderechista Hasél, cuyos seguidores gijoneses tuvieron que ser protegidos por la Policía de la Democracia.

Compartir el artículo

stats