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Conchita Quirós, un sofá y una libreta

La semblanza de la librera como compañera de la tertulia “La Pizarra”

Morir es doblar la curva del camino, y no ser visto

A la tertulia “La Pizarra” Conchita se nos murió muy joven. Un día nos estaba escribiendo un whatsapp y a las cuarenta y ocho horas los periódicos digitales avisaban de que esta mujer imprescindible había doblado la curva de la que habla Fernando Pessoa en su poema.

Sentir una pena honda, una tristeza inmensa por el vacío que deja, no nos impide ser conscientes de lo afortunadas que hemos sido por haber compartido tantas y tantas lecturas con alguien que ya será por siempre una institución en el mundo del libro a nivel nacional. Prueba de ello es que estos días, todos los medios de comunicación, tanto autonómicos como nacionales, dan buena cuenta de su obituario.

La Conchita que hoy lloramos en “La Pizarra” era una persona humilde, con un bagaje de lectura inabarcable; una compañera atenta y cariñosa, con la palabra justa, siempre, para hacerte llegar su cariño; una mujer tremendamente moderna; la primera tertuliana de entre nosotras, con la que realizamos una conexión en nuestro primer encuentro “online” con escritores, hace ya muchos años. Una persona divertida, muy divertida, con una vida tan rica que siempre tenía anécdotas para regalar; una contertulia a la que le gustaba escuchar con atención y observar antes de pronunciarse. Pero, sobre todo, para estas tertulianas que llevan días llorándola, Conchita fue una amiga generosa. Nos hizo dos regalos inigualables: una libreta de firmas y un sofá verde.

Foto de familia de “La Pizarra”, con Conchita Quirós en el centro.

El sofá verde tiene poderes mágicos. A lo largo de los años nos permitió conocer a los Premios Príncipe y Princesa de Asturias, charlar con todos y todas como si estuviésemos en el salón de nuestra casa. Desde ese sofá, también acompañamos a las escritoras y escritores asturianos, cada vez que había que estar allí, recordándoles nuestro cariño y admiración. Se hará difícil llegar a Cervantes y mirar hacia el fondo, y sabemos que tenemos que hacerlo pronto, o no lo conseguiremos.

La libreta de firmas aguarda, para estrenarla, como un humilde homenaje a esta mujer única, la firma de un escritor asturiano que ya se había convertido en habitual el día veintiuno de mayo en nuestros encuentros.

No sabemos si tras la curva eres capaz de oírnos, Conchita. Por si acaso, queremos que sepas que siempre estuvimos de acuerdo con el lema que nos regalaste en forma de pequeña chapa: las chicas listas leen. También los chicos, por supuesto, y por eso, la savia nueva de estas tertulianas ya es incondicional del Búho Lector.

Oigo, si escucho, a tu paso existir como yo existo.

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