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Carlos Fernández Llaneza

La Casa de los Llanes: una herida abierta

Sobre la azarosa historia de una desaparecida joya de la ciudad

Seguro que entre sus lugares preferidos para dar un paseo se encuentra la plaza de la Catedral. Uno de los puntos más visitados de la ciudad. Y probablemente alguna vez habrán mirado con pena para los andamios que, desde hace años, cubren el solar vacío que ocupó una de las edificaciones más bellas de la ciudad: la conocida como Casa de los Llanes, a la que la guía de arquitectura y urbanismo de Oviedo define como “pura retórica”. Uno de los mejores exponentes de la arquitectura civil de estilo barroco tardío de Asturias. Como ocurre con el solar vacío del martillo de Santa Ana, duele ver esas heridas abiertas en el corazón del Oviedo secular. La Casa de los Llanes fue construida en 1741 por orden de Menendo de Llanes-Campomanes y Cienfuegos, vecino de la villa de Noreña y regidor del concejo de Lena, Caballero de la Orden de Santiago. Se construyó en el lugar ocupado por otras casas anteriores de la misma familia “que se hallaban juntto a la capilla, hospittal y pattio de la dicha Cofradía” (de la Balesquida) según documento de ajuste y convenio ante José Menéndez Valdés de 20 de junio de 1741. Así consta en este documento, recogido por Javier González Santos en un boletín del RIDEA sobre la capilla de la Balesquida, “Menendo prettende lebanttar en quadro las dos paredes, es a saber: la que divide la Santta Capilla de su casa, con todo el largo que tiene, de esquina a esquina, en que se incluie la pared del pattinejo, y la ottra pared que hace frentte a la casa en que vive oi el señor Penittenciario y que la divide un callejón del hospittal, y en ambas prettende hacer o romper ventanas, según la disttribuzión de quartos que fabricase en la nueva casa”. El penitenciario era el hermano menor de don Menendo, Andrés Benito de Llanes-Campomanes, canónigo de la Catedral y quien vivía realmente en esas casas y para quien se reedificaron. Dado que la Cofradía veía perjudicados sus de-rechos de luces, aguas e intimidad, puso embargo a la obra, aunque este contencioso se solucionó de forma rápida y amigable según describe Santos. Lo de los litigios en esta casa viene de lejos.

La casa de los Llanes, junto a la Balesquida. | C. D. C.

Tras los daños sufridos en la guerra civil, se reconstruyó en 1942 dándole un piso más. También es conocida con el nombre de la que fue su propietaria: Isabel Maqua Carrizo. Nacida en Avilés, viuda de Menéndez de Luarca e hija de Javier Maqua, primer marqués de San Juan de Nieva, pertenecía a una acaudalada familia con negocios en México y con varios palacios y posesiones en Asturias. En la plaza de la Catedral, además de esta casa, la familia Maqua era propietaria del edificio adjunto, obra del arquitecto Juan Miguel de la Guardia, sede del Colegio Oficial de Notarios. Se da la circunstancia de que, junto con Gertudris de la Sala y Jove y María Galán Carvajal, fueron las primeras mujeres ediles de la ciudad. Tomaron posesión el 18 de octubre de 1929 y estuvieron en el cargo hasta febrero de 1930. Maqua, viuda y sin hijos, era muy conocida en la ciudad. Tal era su popularidad que la inefable sorna ovetense no tardó en hacerle hueco: “Oviedo, un monte, la Catedral / una calle larga y ancha/ la casa consistorial/ un montón de casas viejas/ un proyecto de hospital/ Isabel Maqua, Ladreda/ y pare usted de contar”. Pues bien, en 1961, Isabel Maqua donó su casa al Arzobispado a condición de que fuera destinada a residencia sacerdotal. Sin embargo, en 2002, el Arzobispado la vendió a una constructora lo que motivó el rechazo de los herederos de Maqua por incumplimiento del modo de legado. Finalmente el asunto se resolvió favorablemente para el Arzobispado. Por si fuera poco, la constructora, a su vez, litiga contra el Colegio de Notarios de Asturias al considerar que éstos, en la rehabilitación de su sede, invadieron parte del terreno de la casa. Y el proceso sigue en un pin, pan, pun que omito por no aburrirles y que da cumplimento al dicho: unos por otros la casa por barrer. El caso es que, en pleno corazón de Oviedo, tenemos un solar cochambroso que ve pasar los años sin solución. Y mientras escribía estas líneas leo en La Nueva España que se planea cubrir el aspecto ruinoso actual con una gran lona con el lema “Oviedo, refugio del Camino”. Bien está. Pero, ¿no será como barrer y esconder la basura debajo de la alfombra? Ansío ver la casa reconstruida cuanto antes y ese triste vacío remendado. Que la plaza catedralicia luzca en completo esplendor. Seguro que ayudaría a que cuando los inspectores de la Unesco visiten la ciudad para incluir el Oviedo intramuros como Patrimonio de la Humanidad, se inclinen por otorgar tan merecida distinción. Me alegraría enormemente.

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