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José Ramón Castañón, Pochi

Oviedo, Patrimonio de la Humanidad

El reconocimiento que busca la capital asturiana

Una vez más, la ciudad de Oviedo se lanza a una aventura que ya hace unos años supuso un pequeño tropezón con la Unesco, el reconocimiento del casco antiguo de nuestra ciudad como Patrimonio cultural y artístico de la Humanidad. Cierto y merecido es que varios monumentos prerrománicos ya tiene dicho reconocimiento. También es cierto que la contra argumentación en aquel momento fue la falta de unidad histórica y artística de la ciudad, así como la desaparición de muchos de aquellos monumentos que conferían a Oviedo de un perfil y un sabor de historia…

A pesar de las muchas diferencias ideológicas en nuestro Consistorio, como las de los propios ovetenses, todos vemos la necesidad y el momento para este reconocimiento, por muchas razones: por lo que supone de recuperación y medios de conservación para los monumentos y espacios más emblemáticos de nuestra historia; para resignifcar a nuestra ciudad y su importancia en el camino de Santiago, en la configuración de nuestro marco nacional, en la continuidad estética y creativa de una historia azarosa, pero rica y fructífera; por la confluencia de raíces espirituales, culturales, comerciales, humanas; por la ruptura de un provincianismo empobrecedor que se abre a la universalidad de su nombre; por el efecto llamada para un turismo que suponga un mayor enriquecimiento de nuestra oferta cultural abierta al S.XXI, a un mundo en constante cambio.

No quisiera poner piedras en este difícil camino, pero sí me gustaría subrayar algunos peros, llamadas, correcciones, digámoslo como queramos. Por un lado, quisiera que dicha declaración no fuera solo una mirada al pasado, sino un compromiso de futuro. No se trata de alardear de viejas piedras y caminos, sino de construir sobre ellas un nuevo proyecto de cultura, que nuestros monumentos, espacios museísticos, rincones con sabor, nos empujen hacia nuevas formas, lenguajes y sonidos para una ciudad que quiere ser referencia cultural a nivel mundial. Dar coherencia urbanística a todos sus espacios, dotarlos de talla habitable, recuperar espacios industriales, lanzarse en nuevos lenguajes que potencien el arte contemporáneo y la participación de todos los ciudadanos, especialmente de nuestros muchos artistas y creadores de nuestra rica actualidad.

Pero no quiero olvidar lo más importante, esta propuesta debería ser una apuesta por una ciudad que sea Patrimonio “de humanidad”. Sí, lo he dicho bien, “de humanidad”, y no solo porque sus monumentos, museos, palacios, callejuelas, sean habitables y habitados por cada uno de los ovetenses; o porque sea una ciudad comprensible y acogedora.

Hablo de una ciudad que cuide y cultive todo aquello que nos configura como hombres y mujeres de calidad humana, que cada plaza, calle o portal sea un espacio de encuentro y diálogo; hablo de una ciudad limpia porque los que la habitamos la cuidamos como nuestro hogar; hablo de una ciudad que construya toda una red de solidaridad y compromiso entre todos para salir de esta situación de crisis; hablo de una ciudad que acompaña y acoge a todos, mayores, extranjeros, diferentes, que hablan y sienten con los mismos; hablo de dar el mismo valor a cada uno de nuestros espacios y manifestaciones, ya sea una catedral, una estatua, una procesión, un concierto callejero, una escena o un oratorio, un pasacalles carnavalero o una ópera en la calle. Me gustaría despertarme dentro de unos meses y descubrir que habito en una ciudad hecha de hombres y mujeres que han hecho de sus espacios y monumentos, de sus calles y sus historias, un hogar habitable y humanizador.

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