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José Ramón Castañón, Pochi

Oviedo sí tendrá Semana Santa

Un tiempo de reflexión y de prestar ayuda a los que sufren y a los más dañados por la pandemia

Un tiempo de pandemia, de enfermedad hecha números y miedos que atenazan existencias, de pobrezas que se multiplican… Estos días, alarmados por olas y contagios, escuchamos muchas voces que gritan una “falacia de composición”, donde la parte pretende suplantar y definir al todo. Tal vez por demasiadas lecturas sesgadas, o por utilizaciones superficiales o turísticas, o por un runrún de actos alternativos que inundan los medios, o una excesiva publicidad de gestualidades que parecen olvidar el sentido profundo de interioridad, de silencio, de vivencia comunitaria, de sacramentalidad humilde que debería ser la Semana Santa.

Nuestra ciudad se llena estos días de sonidos que quieren ser desgarradores, como si nos hubiesen robado la Semana Santa, cuando lo que hemos perdido son muchas vidas, muchas seguridades y demasiadas esperanzas... Recordáis al loco de Nietzsche, cuando decía que Dios ha muerto, porque lo hemos matado tú y yo, todos nosotros. Algo así pasa en estos días, de tanto simplificar lo exterior podemos matar el verdadero sentido, el de un Dios que se hace humano… y quiere que le abramos las puertas de nuestra interioridad, la intimidad de la comunidad que se reúne en la mesa de la cena, en la escucha de palabras silenciosas de un crucificado, que destapa oscuridades que se quieren hacer luz y vida nueva en un mundo de muertes. Corremos el riesgo de hacer de nuestros templos mausoleos de muerte, fríos espacios que se vacían y solo huelen a ausencia, no solo de gentes, sino del que tendría que ser aroma de vida, de esperanza, de promesa.

Somos muchos –comunidades, parroquias, movimientos, hermandades y cofradías de Oviedo– los que nos resistimos a llorar por una Semana Santa perdida, por ausencias callejeras, por silencios de pasos descalzos y clarines de amaneceres. Somos muchos los creyentes que queremos gritar con nuestras Cáritas la necesidad de vivir nuestra Semana Santa con sentido de pandemia, dejando que resuenen las palabras, “Conmuévete, comparte y enrédate”. Un conmoverse que signifique empatizar con los que están sufriendo en un hospital, con los que han perdido el trabajo, con los que llegan con dificultad a fin de mes, los que viven solos, con los que han perdido a sus seres queridos, con los que huyen de todo y nadie les acoge. Pero un empatizar que signifique una cercanía real; puede ser un buen momento para estar cerca, para escuchar, para arrimar el hombro. Un compartir que sea un compromiso real por hacer del “amor fraterno” del Jueves Santo una solidaridad efectiva con todas las necesidades que nos rodean. Y un enredarte que cambie nuestras miradas, las palabras y los gestos, que para tiempos difíciles ya hay demasiados odios, divisiones y crueldades.

En Oviedo sí habrá, mejor, sí viviremos una verdadera Semana Santa. De mirada atenta para descubrir la necesidad del otro; de humildad para acoger con cariño, para la ayuda mutua, la fraternidad inteligente; para sentir con el otro y estar a su lado; para la responsabilidad de cuidarse; para la gratuidad, donde amar es dar y es darse; para acompañar como expresión del amor hecho servicio generoso; y, por supuesto, para orar y celebrar contemplando a Cristo en su Cruz y mirando con ternura a todos los que sufren.

En un tiempo enfermo, nuestra Semana Santa de intimidad, de pequeñas comunidades, de silencios en parroquias, será una ventana abierta a la única esperanza que nos puede salvar y restaurar.

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