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Esteban Greciet

la ciudad y los días

Esteban Greciet

La Semana Santa durante el siglo pasado

Las formas de celebrar la Pasión

Desde mucho tiempo atrás, y por sus cambiantes destinos profesionales, tuvo uno la ocasión de vivir la Semana Santa en media España. Y precisamente en tierras relativamente distantes que, aún con las mismas raíces históricas, mantenían la riqueza propia de sus tradiciones naturales que, al fin y al cabo, eran y son patrimonio de todos nosotros los españoles.

Como cristiano viejo, venido de las restauraciones de posguerra, pudo uno asistir a una gran parte de la aludida riqueza testimonial, desde las costumbres confesionales de siempre, nada menos que en ocho destinos diferentes, de norte a sur y de este a oeste.

Hay, o hubo, una Semana Santa recia y tradicional. Me refiero a la castellana en general. León, Zamora, Salamanca, Palencia, con imaginería de muy alta calidad artística, verdaderos museos andantes como la del Viernes Santo en Valladolid, su sermón de las Siete Palabras y su tradicional Pregón en la Plaza Mayor.

Muy vivas en el recuerdo han quedado las manifestaciones itinerantes en Zamora capital, que mantiene hasta un Museo de la imaginería religiosa, prodigio de arte sacro y de expresividad, también en lo musical. Todo, de muy alto sentido evocador. Sin olvidar curiosas costumbres gastronómicas propias del tiempo y del lugar, muy dignas de recuerdo.

Jornadas terribles las de los Días de la Pasión vividos en Guipúzcoa durante los llamados Años de Plomo, tras la muerte de Franco, que vale más no recordar y en los que la Pasión de Cristo no bastaba para asimilar la constante tragedia cotidiana con sangre en el asfalto.

Pero acaso lo anecdótico fue más de los años ochenta en La Mancha, con la Semana Santa más original que uno ha vivido. Era entonces obispo nada menos que el controvertido monseñor José Guerra Campos, inteligente y conservador. Fue un prelado culto y muy de derechas que, a pesar de autoritario, no pudo con la llamada, con razón, “Procesión de los borrachos” en la Semana Santa local.

Una tierra original y no muy conocida más que por episodios como el famoso “Crimen de Cuenca”, que supo explotar la tremebunda película de Pilar Miró, a cuya proyección privada nos invitó en primicia la productora al director de la Radio Nacional, José María Olona –que después lo sería en Asturias–, y a mí. La directora y el productor llevaron muy a mal nuestras críticas a la cinta.

Lo que no todo el mundo recordará, por razones de edad, fueron los primeros años posteriores al Concilio cuando desaparecieron muchas procesiones de Semana Santa durante bastante tiempo.

Por ejemplo, en Oviedo. Pero esa es otra historia.

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