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Pedro Rodríguez Cortés

El miserere de Teodoro Cuesta

Anecdotario de la Semana Santa ovetense en otras épocas

En tiempos lejanos, las solemnidades de Semana Santa en Oviedo se celebraban con extraordinario esplendor y pompa, contribuyendo a ello la existencia de varias comunidades religiosas, especialmente los dominicos, benedictinos, franciscanos y jesuitas. La mayor asistencia de fieles se concentraba en la Catedral. Después de la Catedral era Santo Domingo la que atraía a más feligreses por la relevante presencia de notables oradores de la orden dominicana. Otro acontecimiento multitudinario en Santo Domingo lo ofrecía la salida de la procesión del Santo Entierro hacia San Isidoro con la asistencia de representantes del Ayuntamiento y otras autoridades, como se venía haciendo desde mayo de 1667.

UN MISERERE DE TEODORO CUESTA. En los años 1855 y 1856 destacó un acontecimiento musical en la Semana Santa de Oviedo: el miserere interpretado por el zaragozano Domingo Olleta, figura destacada de la época, en la desaparecida iglesia de San Francisco abarrotada de fieles. El sólo del barítono de “Tibi soli pecavi” fue cantado en 1855 por Manuel Santander, comandante de Carabineros de la provincia y el año siguiente –1856– lo hizo el poeta mierense Teodoro Cuesta. Desconociamos las aptitudes musicales del vate asturiano.

COMIDAS A POBRES. Paulina”La Ferrolana”, residente en la calle La Picota, el día de Jueves Santo obsequiaba a doce pobres con otras tanta cazuelas de garbanzos y bacalao. El mismo día, otra ovetense muy popular, la costurera Rosaura “la de Fausto”, en El Campillín, sentaba a su mesa a la mujer más pobre del barrio. Por su parte, el cabildo de la Catedral en la misma fecha –Jueves Santo– entregaba una docena de fanegas de pan a los pobres ovetenses.

1932: SIN PROCESIONES DE SEMANA SANTA. El año siguiente a la proclamación de la 2.ª República, las procesiones de Semana Santa fueron suspendidas, con sentimiento especial por la no celebración de los actos del Monumento de la Catedral, al no contarse con la subvención estatal –unas mil pesetas– que tradicionalmente se recibía. Unicamente en San Isidoro el día de Viernes Santo hubo sermón y la actuación del orfeon del Seminario.

LA CIRCULACIÓN EN LA SEMANA SANTA DE OVIEDO EN LA POSGUERRA. Sorprende el protagonismo superior del Jueves Santo sobre el Viernes Santo en el horario establecido por el Ayuntamiento el 6 de abril de 1944 para el tráfico rodado . ”Desde las 10 de la mañana del Jueves Santo hasta la misma hora del Viernes, queda prohibido el tráfico rodado a toda clase vehículos, ya sean de tracción mecánica, ya de sangre”, rezaba la ordenanza. “No se permitirá el Viernes Santo la circulación en la ruta de la procesión del Santo Entierro”. Este día se abría un capítulo de excepciones a los carruajes de Correos, funerarias, abastos, y ambulancias, rogando a los conductores “transitar lo más silenciosamente posible”.

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