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Gonzalo García-Conde

Paraíso capital

Gonzalo García-Conde

Vieira rock and roll

El reconocimiento al trabajo gastronómico de los hermanos Feito

La Guía Repsol no es la Guía Michelin, pero está basada en el mismo criterio. Un manual para viajeros que disfrutan haciendo buen turisteo. Recopila mapas de carreteras, puntos de interés cultural, alojamientos de distintos rangos y restaurantes notables.

Hubo un tiempo en el que era muy aficionado a este concepto y me dediqué a coleccionarlas. Mi novia me las regalaba con regularidad. En nuestros viajes dedicábamos un rato largo a descifrar destinos y a escoger un punto donde los sabores dieran una pincelada genial a la excursión.

Pero la paternidad y otras responsabilidades provocaron un cambio inevitable en nuestras prioridades. También el arrollador desembarco de internet en nuestras vidas. Las aplicaciones de mapas dejaron obsoletos los indescifrables planos de carreteras. La voluminosa guía y sus hojas anilladas y desplegables perdieron peso en nuestro día a día frente a la innegable comodidad y claridad de los teléfonos de última generación.

Esto viene al caso porque me ha llegado por redes sociales la noticia de la publicación de la nueva lista de recomendaciones gastronómicas Repsol. Me he llevado la alegría de descubrir entre sus nuevos Soles al restaurante ovetense Ca’ Suso.

Para los que todavía no lo conozcan, Ca’ Suso es un pequeño local muy coqueto de la Calle Marqués de Gastañaga. Fundado con todo el cariño por los hermanos Iván y Vicente Feito, que dirigen los fogones y la sala respectivamente, se ha consolidado como una realidad de la cocina asturiana contemporánea.

Pero yo ya conocía a Iván de muchos años atrás. Formaba parte, igual que yo, de la fauna autóctona del legendario y nocturno Channel Rock Bar. Más tarde fue protagonista, junto a la desaparecida banda de rock “Los Cannonballs”, de alguno de los mejores momentos de aquella escena musical del cambio de siglo en La Calleja la Ciega. Fue uno de los grupos que considerábamos “de la casa”. Un guitarreo vigoroso y divertido en aquellas míticas tarde-noches de rock and roll en vivo.

Pocos años más tarde fue un amigo común, el arquitecto Manuel García, quien me descubrió esa sorprendente faceta al frente de la cocina de su, entonces, recién inaugurada aventura empresarial. Manuel me invitó a comer allí para celebrar una alegría personal. Se encargó de escoger el menú de ambos. Encargó unas vieiras a la plancha sobre salsa de oricios, combinación que me horrorizó por tener malas experiencias anteriores con ambos productos, tan nuestros. No quise contradecirle por cortesía, pero me temía lo peor.

Entre confidencias y risas con mi colega, la comida llegó a la mesa y despistadamente probamos el primer bocado. Entonces el mundo frenó en seco su rotación natural mientras el sabor y el tacto de la carne de aquellos moluscos explosionaban en mi paladar. Tuve que interrumpir la conversación y ponerme de pie entusiasmado. Un momento sublime que jamás olvidaré. Aquello sí que era un vigoroso y divertido rock and roll sensorial.

Desde entonces han trabajado con paciencia y esmero inventando una burbuja donde la pausa da paso al placer, creando gratos recuerdos en la memoria de su clientela. Un oasis para los sentidos en una vida moderna que no deja apenas espacio para lo sofisticado.

Un éxito que señala y prestigia la singularidad de Vetusta. Gracias pues, hermanos Feito.

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