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José Ramón Castañón, Pochi

“Pandemials” por las tardes

“Ignorantes”, “narcisistas”, “irresponsables”, “egoístas” y “asociales”. Lo que machaconamente leemos estos días. Los jóvenes entre 15 y 25 años están multiplicando los contagios, por sus ocios, hábitos y costumbres.

La pandemia nos ha impuesto restricciones de movilidad, límites en actividades de ocio y encuentros con familia y amigos. Y muchas son las imágenes de jóvenes que no respetan las restricciones. Aunque también existen otros muchos jóvenes concienciados con la realidad que les rodea.

Creemos saber la respuesta, pero todos nos preguntamos: ¿por qué? He preguntado a mis alumnos universitarios y me hablan de un futuro incierto, expectativas profesionales y vitales marcadas por la crisis económica. Los retos de la incertidumbre constante, la amenaza de una recesión inminente, las restricciones en la comunicación, el abuso de nuevas tecnologías o las dificultades para acceder al mercado. La alteración de las relaciones interpersonales. “Pasamos más tiempo en casa con la familia que en la calle con nuestra gente, lo que acarrea problemas de convivencia y deterioro de lazos afectivos”.

Pero ellos mismos me hablan de un tópico, actualizado con la pandemia: los jóvenes cada vez más egoístas e indisciplinados. Unido a la ciega alegría de vivir y disfrutar, estamos siempre a punto de destrozarnos y de destrozar la responsabilidad social... Al hablar de los jóvenes recuerdo a Churchill cuando le preguntaron por los franceses: “No sé, no los conozco a todos”. Yo tengo alumnos garrulos y alumnos responsables. Con su necesidad de aceptación que hipertrofia y cuestiona su papel en la sociedad. Que viven un momento de reorientación y búsqueda de nuevos significados.

Ellos me dicen: “La pandemia nos ha obligado a reinventar la que era una vida fácil y resuelta”. “La calle era nuestra vida, y ahora agobia mucho tener que recoger tan temprano, es raro llegar a casa a la hora que salías”. “No estamos disfrutando y todos los fines de semana se hacen iguales, incluso entre semana”. “Todo es aburrimiento y monotonía, la sensación de que vivimos solo para estudiar, que perdemos la vida por estas medidas, que no nos dejan opción alguna frente a la pesadez del mundo adulto”. “Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!”, lamento de Rubén Darío para ilustrar el hastío que padecen, que padecemos todos, desde aquel nefasto marzo en el que el coronavirus dijo: ¡hola, qué tal! Recordad, mis queridos “pandemials”, efímero tiempo que solo se vive una vez, aprended de los que ya llegaron, no deis por perdido, no estropeéis un instante que puede daros una vida entera por herencia.

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