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Gonzalo García-Conde

Crítica / Música

Gonzalo García-Conde

“Alberto & García”: ¡Quiero bailar!

Un espectacular directo lleno de guiños emocionales en un escenario nada habitual

La referencia fue muy graciosa pero no se atiene a la realidad. La primera “fiesta de prao interior” del mundo no se celebró el sábado en el Campoamor con “Alberto & García” como anfitriones. La promesa era sólo uno de los muchos guiños emocionales que los muchachos nos habían preparado. La fiesta que celebramos, la más divertida que recuerda nuestro teatro monumental, no era una verbena sino una reunión de sociedad muy elegante con cada detalle cuidado hasta lo sofisticado. Luces, sonido, emotividad.

La sensación al entrar estaba ya muy condicionada estéticamente. El escenario se presentaba decorado con enormes flores de cartón bellísimas. Una figura recurrente en toda la obra de su autor, el artista plástico Manu García, también saxofonista y cuerpo de baile de la banda. El sonido ambiente de un manantial, de pájaros cantando y una bruma que envolvía todo el conjunto servían para sumergirte en esa idea tropical que les da tanta identidad. Pero no fuimos conscientes de la tempestad que se iba a desencadenar hasta que los chicos pisaron el escenario. Un volumen al que está muy poco acostumbrado nuestro coso campoamorino. Que hizo temblar su famosa lámpara de cristal. Ese bombo y ese bajo que golpeaban nuestro pecho y que relevarían de su trabajo a los latidos de nuestros corazones durante un rato. Mis pies y los de todos que querían bailar.

Lo que les llevó hasta el teatro, que hasta el sábado no era su hábitat natural, fue la necesidad de estrenar en directo ya los temas de “Flores Negras” (Boomerang Discos, 2020). Compartir esas canciones que habían visto cortado su crecimiento natural encerradas dentro del incómodo corsé de un vídeo de Youtube o de un disco de vinilo. A partir de ahí surgió el concierto perfecto. El ritmo bamboleante, el sabor latino de la percusión. Ese juego de guitarras, más gamberra la de Masó, y llena de una personalidad arty y precisión quirúrgica la de Víctor Gil “Bicho”. El saxo siempre protagonista de Manu, pulmón y polo magnético. Y por supuesto Alberto: voz, discurso y canciones.

Acabaron rompiendo la famosa cuarta pared escénica sentándose en la tarima que cubría el foso de la orquesta y cantando con nosotros y a capela la eterna ranchera “El Rey”.

Para los nostálgicos, como yo, ver a “Alberto y García” nos trae muchos recuerdos de “Los Locos”, icónica banda asturiana del siglo XX. No porque haya grandes paralelismos con su música, sino porque, al igual que aquellos, los de Alberto nos han robado el corazón. Son parte de nuestro código emocional. Los que vivimos a “Los Locos” aún recitamos sus canciones de memoria. Sigue siendo nuestra banda sentimental favorita. No entendemos que no compartan altar con los grandes nombres de la Movida.

Por eso cuando acabó el concierto sentí el impulso de convocar a la ciudad y esperar a la banda a la salida. Llevarles a hombros, entre vítores, hasta la puerta misma del Negrón. Y allí despedirles: “No volváis hasta que conquistéis el mundo. Por nosotros, por vosotros, por “Los Locos”: ¡como héroes!”.

Otros grandes músicos de la escena pop-rock salían igualmente entusiasmados. Pablo Moro alzando los brazos, como en una misa góspel. Igor Paskual con las manos en la cabeza, incrédulo ante lo que acababa de presenciar. Y tantos otros… Me gustan “Alberto y García”. Aún me gustaron más el sábado. Pero es un verso de su imprescindible “Como John Wayne” el que explica cómo me siento: No sé ni cómo contarlo, empezaría otra vez.

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