Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Carlos Fernández Llaneza

Malaterías en Oviedo

Sobre la historia de las leproserías de la ciudad

Hubo enfermedades terribles terribles a lo largo de la historia que estigmatizaban a quienes las padecían; es el caso de la lepra, enfermedad a la que el Dr. Casal se refería en estos términos: “De todas las afecciones corrientes en este país, no hay otra que la gane a horrible y contumaz”. No hay certeza de cuándo llegó la lepra a Asturias. Puede que desde el sur de la península mil años antes de Cristo. Hay quien sostiene que llegó con las legiones romanas. En cualquier caso, en el siglo VIII aparece perfectamente documentada. Posteriormente, los invasores musulmanes, cruzados y peregrinos de toda Europa en la Edad Media, así como las paupérrimas condiciones de vida y pobre alimentación de los asturianos, contribuyeron a su propagación. El hijo de Alfonso III, Fruela II, fue, quizá, el primer personaje histórico de Asturias fallecido por esta enfermedad. A estos enfermos se les conocía con el nombre de leprosos, malatos, lacrados, plagados, enfermos de la Orden o gafos. Este último nombre perdura en Oviedo nominando un arroyo que transcurre al pie de la que fue malatería de San Lázaro. Hubo otro lazareto en Oviedo que, desde hace años, me llama la atención: el de San Lázaro de Paniceres. El topónimo San Lázaro suele estar vinculado con malaterías. Según la tradición apócrifa, San Lázaro, resucitado por Jesús, habría padecido la lepra. Esta enfermedad se encuentra entre las que podrían ser curadas por mediación del apóstol Santiago. Narra la leyenda que el propio Cid Campeador, en su peregrinaje a Santiago, se encontró con un enfermo que resultó ser el mismo Lázaro. Por esta vinculación jacobea, la mayoría de leproserías se encuentren en el Camino de Santiago. La malatería probablemente más antigua de Asturias fue fundada en Tineo en 1074. Pero volvamos a Oviedo. Como dijimos, en nuestro concejo se ubicaban dos. Una de ellas, la de Entrecaminos o de Sta. María de Cervielles o Sta. Mª de San Lázaro de Cervielles, fue uno de los establecimientos sanitarios más antiguos de Asturias. Aparece documentada en los años 1146 y 1245. El nombre de Entrecaminos, orillado en Oviedo desde la Edad Media, corresponde al mismo lugar que hoy conocemos como San Lázaro del Camino. En 1274, en unas ordenanzas del Concejo, se prohíbe a los leprosos, “bajo pena de ser quemados, su entrada en la ciudad y toda manipulación de los caños y acueductos que hasta ella iban”. En esta malatería, administrada por la Ciudad, residían los únicos médicos de la región y era la única en la que los enfermos recibían algún tratamiento. La primera intervención de un médico en ella de la que queda constancia es de 1526. El licenciado Prado dictamina haber visto a “María González que podía aver ocho días e la myrara muy bien e allara que estaba dañada por todo su cuerpo de especie de San Laçaro”. Ya en el s. VIII los verdaderos malatos debían ser la excepción. En 1751, de los veintiún hospitalizados pudieron ser dados de alta once por “hallarse libres de lepra”. Así se explica que ese mismo año, cuando el Ayuntamiento discute la conveniencia de ceder la malatería para el hospicio que proyectaba el Regente Gil de Jaz, el Marqués de Camposagrado, partidario de la cesión, denunció con cierta ironía que “la malatería de San Lázaro no sirve más que para albergar sarnosos que los médicos baptizan como lepra”.

Malaterías en Oviedo

La de San Lázaro de Paniceres se fundó posiblemente en la misma época que la de Cervielles. El lugar de Paniceres se halla documentado desde el año 1055 y se encuentra en la ruta que sigue el Camino Primitivo. Cercano a Paniceres se halla el arroyo de Lavapiés, topónimo vinculado, asimismo, a las peregrinaciones. Si el patronato de Cervielles lo ejercía la Ciudad, el de Paniceres pertenecía a la Iglesia. Se desconoce quién y en qué fecha la fundó, pero, desde luego, ya era famosa en el s. XIII. De ella sólo queda el topónimo. En 1966 un vecino que trabajaba la tierra encontró una tabla barroca perteneciente, con toda probabilidad, al retablo de la desaparecida capilla de San Lázaro. San Lázaro de Paniceres fue parroquia, pero, debido a su estado de ruina, fue integrada en la de San Pedro de los Arcos en 1783.

Y, una vez más, reconocimiento a José Ramón Tolivar Faes que, en 1965, publicó en los “Cuadernos de H.ª de la Medicina Española”, un fantástico trabajo titulado “Hospitales de leprosos en Asturias durante las Edades Media y Moderna” en el que recoge la historia de treinta y dos leproserías de nuestra región.

En fin, curiosidades de unos tiempos lejanos que dejaron su huella en la historia y en ese vasto tesoro de nuestra toponimia que tanto deberíamos cuidar.

Compartir el artículo

stats