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Jonathan Mallada Álvarez

Cantos de vida y esperanza

Notable recital de la mezzosoprano DeYoung y el pianista Alonso, con un programa atractivo de canción alemana y española

Encarando la recta final de una temporada que no ha sido nada sencilla para la Sociedad Filarmónica de Oviedo y que, sin embargo, ha sacado adelante con notables resultados, llegaba el concierto número 2.018 de la histórica institución, con el recital “Canciones para una despedida”, de la mano de la mezzosoprano Michelle DeYoung y el pianista Calio Alonso. No se trata de una despedida literal, pues la Filarmónica todavía ofrecerá, la semana que viene, un concierto con la orquesta Oviedo Filarmonía, sino que más bien se trata de unos cantos de vida y esperanza ante el desarrollo de una temporada, marcada por la necesidad económica y la pandemia, que hace afrontar el futuro con un punto más de optimismo que los inicios de la presente campaña.

Para abrir boca, el “An die ferne Geliebte”, op. 68 de Beethoven, considerado el primer gran ciclo de canciones románticas, que sirvió a DeYoung para ir calentando. A lo largo de sus seis canciones mostró una voz poderosa, rica en armónicos, con una emisión y una dicción muy cuidadas, evidenciando una línea de canto muy presente y visible en todo momento. De esta primera obra destacó su interpretación de “Leichte Segler in den Höhen”, con unos staccatos que mostraron su dominio de la respiración diafragmática, sin perder nunca la colocación vocal, y “Es kehret der Maiden, es blühet die Au”, donde la mezzo norteamericana lució unos bellos agudos, con algo de vibrato, lo que confirió a su ejecución una carnosidad y calidez muy especiales al tiempo que evidenciaba su amplia tesitura.

Tras Beethoven, llegó el turno de los “Lieder eines fahrenden Gesellen” de Mahler, donde DeYoung ya mucho más plena de voz, desplegó un temperamento más dramático y con unos agudos siempre bien resueltos, sin descuidar el peso de los graves y mostrando una pasmosa facilidad para la proyección. La cantante aportó el carácter necesario en cada momento, insuflando volumen a las frases gracias a la respiración, creciendo desde el piano hasta el forte, pero con gran solidez en los momentos de mayor brío y velocidad, como en “Ich hab’ein glühend Messer”, potente pero matizado, añadiendo también pequeñas dramatizaciones para enriquecer la interpretación, siempre bien arropada por el piano, con Calio Alonso respirando con ella, perfectamente acompasados, y con una articulación bastante ajustada.

Antes de la pausa llegarían las “Siete canciones populares españolas” de Manuel de Falla, todo un cambio de registro que el público acogió de buen grado, aunque se evidenció que este ciclo no se ajusta tanto a las cualidades vocales de la mezzo, necesitando de una mayor ligereza para ganar en vistosidad y resolver los ornamentos melódicos con mayor fluidez. Aun así, destacó la “Jota”, aplaudida por los asistentes.

La segunda parte estaba destinada a los “Vier Letzter Lieder” de Richard Strauss, donde mezzo y pianista se mostraron ya mucho más cómodos. La norteamericana pudo volver a lucir su voz madura, siempre compacta y redondeada, en las cuatro canciones de este ciclo, que cuenta con textos de Hermann Hesse y Joseph von Eichendorff, equilibrada con el piano y realizando unos buenos balances en unas piezas que se ajustan a su timbre y a su tesitura, donde DeYoung actuó con expresividad y realizó una ejecución bastante aseada con un final desgarrador muy en consonancia con el sentido textual.

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