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Andrea García Torres

Crítica / Música

Andrea García Torres

La primavera termina, la música sigue

El trabajo de los hermanos Zapico a favor del patrimonio musical

“No es ni Bach ni Haendel, ni falta que hace”, así empezaba el miércoles Aarón Zapico describiendo su “Farándula castiza” que interpretó la agrupación Forma “Antiqva” en el Auditorio el miércoles para cerrar la VIII Primavera Barroca ovetense. Una fiesta popular que viaja al Madrid dieciochesco de la mano de la recuperación de músicas olvidadas. Conjuntos como “Forma Antiqva” han sido cruciales para ponerlas nuevamente en valor. En España se ha hecho mucho recientemente por recuperar nuestro patrimonio musical, pero aún queda mucho trabajo pendiente y compromiso para tocar en concierto y grabar todas esas partituras de distintos géneros y épocas que, pese a su calidad, aún siguen custodiadas en los archivos. Sobre todo si queremos medirnos con nuestros vecinos franceses, alemanes o británicos. No hace falta tener a Bach o a Haendel en España, pero sí valorar lo que tenemos y a los investigadores e intérpretes que nos permiten escucharlo.

La primavera termina, la música sigue

Los Zapico interpretaron un programa de música redondo, con un estilo muy personal del grupo, en el que predomina la cohesión sonora del conjunto siempre empastado y versátil, con una interpretación vibrante, llena de energía y complicidad, que casi invitaba a bailar al ritmo de las seguidillas y los fandangos amenizadas con las castañuelas de Pere Olivé. Desde la zarzuela “Iphigenia in Tracia” de Nebra a las sinfonías de Castel, Conforto y Basset que conformaron la primera jornada de este concierto, como una especie de pastiche, muy en la línea del siglo XVIII al que los langreanos quisieron transportar al público, y que incluyó la Sinfonía (obertura) de la famosa ópera “La Ninetti”, escrita para el castrato Farinelli y la corte madrileña.

La dirección de Aarón Zapico desde el clave, se dejó sentir en el juego con las dinámicas y la compenetración de todos los integrantes de la agrupación, pero sin intervenir en exceso, dándole al silencio el importante valor que tiene en la música. La actuación del miércoles, contó además con los violinistas Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, muy activos en el panorama nacional de la música antigua, y que también fueron claves a la hora de preservar la uniformidad de criterio en el conjunto en los pasajes más imitativos, como en el Adagio de Basset.

No podía faltar en este programa tan madrileño música de Boccherini, con un minuetto de factura elegante, ni Giovanni Battista Mele con “Angelica e Medoro”, donde la tiorba de Daniel Zapico y el chelo de Ruth Verona abandonaron el bajo continuo. Con Santiago de Murcia y su “Cumbees” le llegó el protagonismo a la guitarra barroca de Pablo Zapico.

El paseo por las callejuelas de Madrid que había fascinado antaño a Boccherini llegó a su fin con la propina tan peculiar que ofrecieron de Pablo del Moral, “Nadie publique de amor”.

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