Conocí al Dr. Valentín Mateos al inicio del año 2010. Yo estrenaba proyecto, la dirección editorial de “Medicina Asturiana”. Él acaba de llegar al Centro Médico, tras muchos años en el HUCA, para poner en marcha el Servicio de Neurología y fue el protagonista de la sección Perfiles del primer número de la revista. Para elaborar la entrevista, tuve con él una conversación interesante, donde quedaron al descubierto sus dos pasiones, el trabajo y la familia, y descubrí que estaba ante un gran profesional –referente en España en cefaleas–. Al terminar, me pidió asesoramiento en algunos temas de comunicación e iniciamos así una serie de encuentros profesionales, donde tuve la oportunidad de conocer a Nieves Mesa, su mujer, su todo para él, con quien hacía un tándem perfecto, desde que se conocieron con dieciséis años.

Adiós a Nieves Mesa, una mujer especial

La seriedad –creo que en gran parte timidez– del Dr. Mateos se complementaba con la espontaneidad de Nieves, una mujer tan auténtica como su Sierra de Gata, de la que siempre alardeaba y a veces añoraba, sobre todo, cuando en Oviedo se asentaba la nube y el sol brillaba por su ausencia. Todo en ella era simpatía, sentido del humor, naturalidad, cercanía. Con ese gracejo extremeño tan inconfundible procuraba ponerle a la vida una chispa de alegría.

El centro de belleza y peluquería de una prima suya, referente en Plasencia en el sector, fue el germen que llevó a Nieves Mesa a crecer como profesional de la estética: dirigió durante veinte años –ya en Oviedo donde llegó el Dr. Mateos para hacer la especialidad de Neurología– un centro de belleza en la calle Darío de Regoyos, para pasar en 2015 al corazón de Oviedo en plena calle San Francisco, tarea que compatibilizaba con la atención de la consulta privada de su marido. Disfrutaba tanto con su trabajo como de sus hijas, Marta y Sara, a quienes adoraba y cuidando a su suegra durante sus estancias en Oviedo o de una cervecita con sus amigas y no digamos de esas escapadas para pasar el Carnaval con sus hermanas en Barcelona. Asimismo, sabía adaptarse a las necesidades de sus clientas y siempre encontraba un estímulo para seguir mejorando como profesional.

Una mañana, tomando una de esas cervecitas que tanto le gustaban y recién venida del Camino de Santiago que había hecho con sus hermanas, recuerdo que me dijo: “Soy una mujer feliz. Estoy en el mejor momento de mi vida”. Sin embargo, una llamada de Valentín a las pocas semanas –mediados de octubre de 2018– me puso al tanto de una dura realidad. Nunca pensó el Dr. Mateos que le iba tocar diagnosticar la enfermedad de su mujer en el cenit de su vida personal y profesional.

Tras el impacto inicial, Nieves reaccionó con el sentido positivo que siempre la caracterizó. Sabía lo que había, pero no se vino abajo, procurando ver el lado mejor de cada circunstancia por la que atravesaba. Recuerdo aún comentarios que me impactaron: “Qué suerte, me podía haber muerto, pero me han podido operar”. “No puedo hacer la vida de antes, pero ahora toca descansar, ya trabajé bastante”. De sus labios, nunca escuché una queja y siempre la confianza en el cariño de los suyos y en la voluntad de Dios, pues también era una mujer de fe.

Tras superar bastantes obstáculos, Nieves culminó esta carrera con podium. Pero la medalla se la lleva Valentín que desde el minuto cero supo estar a la altura, renunciando a su pasión por el trabajo para cuidarla y acompañarla. También comparten trofeo sus hijas, Marta y Sara, que a pesar de su juventud han respondido con madurez y generosidad. A los tres y a toda la familia mi más sentido pésame.

Con Dios, Nieves. Hasta que nos volvamos a ver nos queda tu ejemplo, tu generosidad, tu alegría en la adversidad, tu fe. Sabemos que para los tuyos va a ser difícil tu ausencia, pero damos gracias por haber compartido contigo algún tramo de esta vida.