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Jonathan Mallada Álvarez

Crítica / Música

Jonathan Mallada Álvarez

Románticas desconocidas

Concierto de menos a más de una OSPA bien dirigida

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias encaraba el quinto concierto del ciclo “Primavera” a pesar de la tormenta, más propia de la estación veraniega, que se vivió de forma paralela fuera del Auditorio ovetense. Si hace un par de semanas ponían en liza el “Concierto para violonchelo” de Robert Schumann, en esta ocasión lo hacían con su “Concierto para violín”, reservando la segunda parte de la velada musical a la primera sinfonía de la compositora francesa Louise Farrenc, toda una rara avis de las programaciones.

En la obra de Schumann, la protagonista indiscutible fue la solista Sayaka Shoji, técnicamente impecable y exhibiendo el virtuosismo necesario para solventar de manera brillante los complejos pasajes compuestos por el compositor germano, luciendo el timbre aterciopelado y cálido de su violín, e impregnando siempre cada pasaje de una gran musicalidad, incluso los más veloces y complejos. Por su parte, la OSPA evidenció una articulación bastante marcada que por momentos lastró el tempo e hizo restar frescura a la interpretación, en la que, no obstante, estuvieron bastante compactos, como quedó demostrado en el efectista paso del segundo al tercer movimiento, una explosión de energía y color.

A modo de propina, la violinista nipona deleitó al público ovetense con el Largo de la “Sonata para violín solo número 3 en do mayor BWV 1005” de Bach, en la que desplegó un gran lirismo y una dulzura deliciosa potenciados por el silencio de un auditorio muy respetuoso.

En la “Sinfonía n.º 1 en do menor” de Louise Farrenc se percibió a una orquesta mucho más cómoda y ello se tradujo en una dirección más confiada de Corinna Niemeyer, explícita en la gestualidad y moviendo acertadamente a una OSPA que se dejó hacer en todo momento, evidenciando una mayor ligereza sin disminuir sus cualidades sonoras. Equilibrados y bien balanceados, supieron conjugar el carácter más sereno y el fraseo regular de la partitura de Farrenc con el poderío y los acordes más temperamentales tan del gusto romántico que encierra esta página sinfónica, donde las maderas desarrollaron un trabajo más que notable a lo largo de sus cuatro movimientos.

El Minuetto fue abordado con elegancia, con una sonoridad bastante homogénea de la cuerda, comandada, en esta ocasión, por Eva Meliskova, dejando momentos bastante expresivos en unos compases con volumen y una interpretación viva y vistosa. El Finale: allegro assai estuvo vibrante, con cierto brillo y bien matizado por una OSPA que respondió de forma resuelta y decidida a las exigencias de la directora alemana.

En definitiva, un concierto que fue de menos a más, con una gran solista al violín y una directora que supo manejar acertadamente a la agrupación asturiana, particularmente en la sinfonía. Además, debemos valorar de forma positiva las iniciativas que está promoviendo la OSPA, durante las últimas citas, en cuanto a la ampliación del repertorio, tanto con la “Partita número 4” de Orbón la semana pasada como con la Sinfonía de Farrenc en esta ocasión. Suponen un soplo de aire fresco en las programaciones y nos descubren nuevas obras alejadas de lo convencional y canónico.

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