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Eduardo Lagar

Predicar con el ejemplo

En la reciente presentación de la novela de Isabel Gómez Acebo “Domingo de Guzmán, el santo olvidado”, José Antonio Solórzano, fraile dominico, contó el chiste del paracaidista. Esto es un paracaidista que se queda enganchado en un árbol, pasan dos frailes y se le quedan mirando. Ipso facto empiezan a hacerle preguntas: “¿Cuál es el motivo, la causa, de que usted esté pendente del árbol?”, “¿Y usted que está arriba no podría darnos una visión panorámica del mundo?”. Y todo así. Hasta que el paracaidista se harta de que no le ayuden a bajarse y estalla: “¡Todo eso que me están preguntando no sirve para nada! ¡A que ustedes son dominicos!”.

El chiste era su forma de contar cómo la orden de predicadores de Domingo de Guzmán se enfrenta al mundo, “a base de preguntas para las que a veces ni nosotros tenemos respuestas. Pero son esas preguntas las que hacen avanzar el pensamiento, las que hacen dudar. Decía Aristóteles que para encontrar la verdad lo primero que se necesita es saber dudar”, dijo Solórzano.

Enfrentarse al mundo con cabeza, algo de lectura y armado con preguntas para llegar a encender la luz del pensamiento. Eso tan capital nos enseñaron los dominicos. Y entre ellos, en lugar muy destacado, José Luis Álvarez Valdés: siempre escuchando, siempre al servicio de sus alumnos, de sus amigos, de quien lo necesitase, siempre propiciando el saludable uso de la inteligencia, sin adoctrinar ni imponer. Predicando, sí, pero con el ejemplo.

Ahora que la verdad cotiza muy a la baja, tanto como la ilustración y la tolerancia, justo ahora debemos acudir de nuevo al ejemplo que nos dan dominicos como José Luis Valdés. Así que pongámosle una calle a su nombre. Pero una calle con árboles, para que vayan cayendo paracaidistas.

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