Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jonathan Mallada Álvarez

Crítica / Música

Jonathan Mallada Álvarez

El fin de la primavera

Brillante clausura de temporada de la OSPA

Si echamos un vistazo a la programación del mes de marzo de la pasada campaña de la OSPA, nos encontraríamos con un concierto protagonizado por Simon Trpceski y bajo la batuta de Pablo Rus Broseta, dos de los músicos que han estado al frente de la Sinfónica asturiana en las últimas citas musicales. Un compromiso con los artistas contratados por parte de la gerencia que debemos valorar favorablemente. En esta ocasión, acompañando a Trpceski, el director chileno-italiano Paolo Bortolameolli en un programa que clausura el ciclo “Primavera” mediante dos obras que nos llegaban de la gélida Rusia.

Desde los primeros compases del “Concierto para piano nº 2 en fa mayor” de Shostakóvich se percibía la concentración del solista macedonio, perfilando cada tema con gran soltura y soldando su sonido al de una OSPA serena y segura en unos pasajes vistosos con síncopas y contratiempos. Bortolameolli supo extraer el carácter adecuado de una orquesta que cuidó especialmente la emisión y el volumen para conformar una atmósfera ideal sobre la que floreció el lirismo de Trpceski, luciendo una abrumadora sensibilidad y una gran musicalidad en el desarrollo de sus pasajes, dejando momentos muy expresivos, fruto de la profunda intimidad que logró a través del piano, bien arropado por la formación asturiana. Su pulsación, siempre cristalina, favorece particularmente esta obra que requiere un uso del registro agudo del piano para conformar ese poso irónico y hasta cierto punto humorístico tan característico del compositor ruso.

A modo de propina, el segundo movimiento del “trío para piano número dos”, también de Shostakóvich, bien resuelto entre los tres músicos (Trpceski, Maximilian von Pfeil y Ziervogel) con momentos bastante bellos y de gran atractivo que desataron los “¡Bravos!” del público y el reconocimiento de la propia orquesta.

La “Sinfonía nº 4 en fa menor, op. 36” de Chaikovski discurrió por la misma senda, con un primer movimiento en el que se exhibieron unos metales bien timbrados, pero ajustados y con mucho mimo en la emisión, mientras Paolo, con gran plasticidad en sus movimientos y gesto explícito, se dedicó a manejar a la Sinfónica con una pulcritud y solvencia muy acusadas, cuidando la articulación y desplegando algunos momentos efectistas gracias a otros pasajes más trágicos y con mayor peso. Es una obra compleja por la multiplicidad de registros, donde el dramatismo desbordante del primer movimiento da paso al lirismo contenido del “Andantino in modo di canzona” del segundo, con unas maderas a gran nivel y una cuerda bastante homogénea y de sonoridad brillante. Los dos últimos movimientos evidenciaron la confianza de la orquesta y el duro trabajo semanal en unas entradas contundentes y unos pizzicatos muy ajustados, con unos buenos balances, desarrollando alguna dinámica bien trazada que aportó cierta frescura y riqueza a una interpretación con una orquesta plena de sonido.

En definitiva, un concierto de altura para despedir el ciclo en el que se dieron cita un pianista al que la obra vino como anillo al dedo, un prestigioso director que demostró tener las ideas muy claras y una orquesta muy concentrada que exhibió su potencial a lo largo de la velada musical. Todo ello dio lugar a un concierto bastante bueno en líneas generales, con gran equilibrio y concentración, y deja al público con ganas de iniciar una nueva temporada.

Compartir el artículo

stats