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Andrea García Torres

Crítica / Música

Andrea García Torres

El canon en manos de Sitkovetsky

¿En el piano o en el clave? Es el eterno debate sobre las “Variaciones Goldberg” de Bach, a las que el director y concertino Dmitry Sitkovetsky, al frente de la orquesta New European Strings, presentó el pasado miércoles una tercera opción: para orquesta de cuerda y clave. Su arreglo de una de las obras más carismáticas, canónicas y mejor conocidas por el público está lejos de ser algo novedoso y cuenta con unas décadas de recorrido internacional. La última vez que las “Variaciones Goldberg” se interpretaron en el Auditorio fue el año pasado, nada menos que por el pianista Andras Schiff, por lo que esta adaptación para orquesta supuso un contrapunto importante.

Si hay una música que soporta bien cualquier adaptación, es precisamente la de Bach, que acepta casi cualquier versión. Sitkovetsky dejó el aria inicial en manos del quinteto de cuerda y después cada una de las variaciones alternó la plantilla. Es cierto que unas soportaron mejor que otras el proceso de adaptación, mucho más interesante en aquellas con un tempo más vivo y que presentan más complejidad en la textura musical, como la octava, la décimo cuarta o la vigésima sexta. En otras, la afinación del conjunto se vio algo más comprometida. El papel de Sitkovetsky, de pie en medio de la agrupación y dirigiendo con el arco, fue fundamental, no solo ya como solista-concertino, sino también a la hora de transmitir energía y carácter a los profesores que forman parte de la agrupación de la que él es fundador. Desde el punto de vista de la interpretación, llama la atención el papel del clave, haciendo el continuo o doblando otras voces, sobre todo cuando las secciones de cuerda y los solistas recurren con frecuencia al vibrato y a unos golpes de arco muy específicos, característicos de la escuela rusa.

La segunda parte, con una adaptación del famoso cuarteto “La muerte y la doncella”, en esta ocasión revisitado por Gustav Mahler, puso el broche final a este penúltimo concierto del año musical. Sitkovetsky, ahora como director, y su agrupación ofrecieron una lectura de la partitura muy entregada, llena de agitación romántica, incluso muy pasional, como en el primer movimiento. New European Strings ganó aún más en sonoridad y el empaste de todas las secciones de cuerda se vio reforzado. El segundo movimiento, lleno de contraste, dejó una de las páginas de mayor lirismo de la velada. Sitkovetsky puso en ello su empeño, muy claro en el gesto y pendiente en todo momento de las dinámicas de la partitura.

Las dos propinas que ofrecieron fueron todo un descubrimiento, también adaptadas por el propio Sitkovetsky. Fueron dos preludios bajo el nombre de “Bukovina”, escritos por el compositor ruso Leonid Desyatnikov, en alusión a una región situada en la frontera entre Ucrania y Rumanía como explicó el violinista y director. New European Strings interpretó los números 1 y 22 para despedirse del público ovetense.

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