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Emilio Cepeda

“La Gringa”

Las fechorías de una estafadora peruana con un “socio” en la ciudad

Decía, hace ya bastantes años, el célebre y cáustico periodista asturiano Ricardo Vázquez Prada, que en Oviedo tenemos por costumbre cuando llega cualquier cartaginés incapaz de articular dos palabras, que con poco que se signifique suele ser promocionado, cuando menos, a pregonero de San Mateo. Recuerdo la historia de un bien plantado y chulesco guapetón matritense que va a provincias, en este caso Oviedo, convencido de que es un estupendo caladero (coladero) de oportunidades.

Aquí se estableció entrado ya el primer lustro de los años setenta. Traía el avezado personaje buena cartera de parcelas y propiedades inmobiliarias en la costa alicantina, con el propósito de colocarlas en el mercado astur. Alberto de nombre. Una marcada capacidad empática le permitió en breve espacio de tiempo ganarse la simpatía entre diversos estamentos locales. Mujeriego empedernido, pronto conectó con el círculo de afines a la causa.

Veníamos de unos años en los que los futbolistas marcaban tendencia y levantaban pasiones. En mi adolescencia recuerdo ver a los jugadores ir a los entrenamientos de corbata. Se cuenta del atractivo otrora guardameta, Fernando Argila, que en el viejo Buenavista muchas señoras acudían al campo por verlo, incluso le regalaban jerséis. El aguerrido exfutbolista cántabro del Real Oviedo y afincado en la ciudad, José Luis Diestro, era un vivo exponente de galán maduro, muy deseado por las damas digamos en edad de merecer, con el cual el recién llegado haría migas con rapidez. Totalmente integrado, a nuestro personaje le marchaban las cosas en lo personal y profesional francamente bien. Corría el año 1974, cuando una noticia va a alterar su fértil estancia al resuelto forastero: “La Gringa”, con amplio historial delictivo, es detenida en Tuy, en la frontera con Portugal. Los que peinamos canas y los que nada tienen que atusar, quien más, quien menos, se tienen que acordar del caso.

Recordemos. En el verano de 1973 la prensa da cuenta de la llegada a Asturias, de la eminente y reputada neurocirujana peruana, doctora Edwards, con importantes vínculos en la curia pontificia, con la intención de desarrollar negocios y obras de caridad. El propio arzobispo Gabino Díaz Merchán fue a recibirla en la escalerilla del avión. Rosa Nelly Sacco, era el verdadero nombre de la impostora, fija su residencia en Gijón. Poco a poco con sus embustes rocambolescos logra introducirse en los círculos más selectos. Campa a sus anchas por las mejores joyerías y peleterías; organiza subastas, fiestas en el Chas, Club de Regatas...; todo con fines benéficos. A finales de ese mismo año, a punto de descubrirse el percal, la estafadora ponía rumbo desconocido con el suculento botín  cerca de dos millones de pesetas en joyas y efectivo) levantado en la villa. La supuesta doctora fue dejando tras de sí buen número de sonrojados damnificados gijoneses. Pocos días más tarde, nuestro deslumbrante Alberto desaparece de la ciudad.

Resumiendo. En el juicio celebrado en Oviedo en el otoño de ese mismo año, donde “La Gringa” fue condenada a varios años de cárcel, se supo que el sujeto madrileño había sido expulsado de una entidad bancaria (ya desaparecida), donde ostentaba un puesto de responsabilidad, por falsear informes bancarios y facilitar pagarés a favor de la estafadora.

Al poco de llegar a esta tierra, la peruana había manifestado que Oviedo no le gustaba porque no tenía mar. Además, la gente le parecía demasiado seria y estirada. Gracias, Gringa.

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