Hay maestros y profesores que dedican toda su vida y su esfuerzo a la dura, pero noble tarea de enseñar y educar a sus alumnos. Es, sin duda, una tarea ardua y sacrificada que requiere todo el tiempo y el empeño de su vida. Pero que aporta, sin duda, también muchas satisfacciones personales que constituyen siempre –o casi siempre– en su balance final un saldo positivo. Pero, en ocasiones, hay profesores que trascienden su difícil y trascendental labor ampliando su campo de acción educativa concreta en otros aspectos relacionados con la educación y la ciencia convirtiéndose en sus promotores y difusores.

Este ha sido el caso del profesor Primitivo Cancio Muiña, gallego de Pontenova (Lugo,), recientemente fallecido. Catedrático de bachillerato de Filosofía, ejerció su última etapa de docencia durante un dilatado período de tiempo en el Instituto Alfonso II de Oviedo, centro del que, como titulado que era también en Psicología ejerció durante diez años como jefe de su departamento de Orientación educativa. Pero, además, su labor, como decíamos, se extendió a otros importantes ámbitos de la labor científica y la difusión cultural. Fue secretario de la Sociedad Asturiana de Filosofía en la que llevó a cabo una importante labor organizando cursos y seminarios. Primitivo había cursado los denominados cursos comunes en la Universidad de Oviedo y se había licenciado en Filosofía en Madrid, pero volvió a Asturias donde mantenía relaciones con la escuela de Gustavo Bueno y donde terminó ejerciendo y llevando a cabo toda su labor educativa y cultural.

Y por si no fuera esto ya de por sí suficiente, su labor educativa y de difusión cultural y social se extendió también al mundo de la Educación para el Desarrollo cuando esa actividad comenzaba a dar sus primeros pasos en nuestro país y en cuya difusión y afianzamiento en Asturias colaboró activamente ejerciendo una importante labor a través de su participación en el Movimiento Asturiano por Paz, del que fue presidente, asociación que ha llevado a cabo una importante labor educativa y social en países como Paraguay, Guatemala, Haití, República Dominicana y en el Sahel, en África. Desde luego, la labor educativa, cultural y social de Primitivo fue amplia e intensa y los que fuimos sus compañeros y amigos sabemos que la realizó con la máxima honestidad y seriedad, consciente de la importancia que tenía su actividad. Sus deudos tienen que sentirse orgullosos de ello y nosotros los que fuimos testigos desearle con nuestra gratitud que la tierra le sea leve. Sin duda, se lo ha merecido.