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Carlos Fernández Llaneza

Tiempos de encuentro

La importancia de recuperar la jira al Naranco

Hubo un tiempo en el que el primer domingo de julio era una gran fiesta en Oviedo. Ese día, los ovetenses se congregaban por miles para disfrutar de una jornada de encuentro y diversión. El lugar elegido era uno de los espacios emblemáticos de Oviedo por excelencia: La Cuesta. Nuestro Naranco. La primera cita tuvo lugar hace noventa y dos años: el 7 de julio de 1929. Se congregaron en torno a quince mil romeros. Hay crónicas que elevan a veinticinco mil el número de asistentes en la edición de 1933. La Jira al Naranco era, por tanto, sin duda, una de las citas más importantes del calendario festivo local. La de 1936 fue la última que se celebró tal como había sido concebida. Intentos posteriores no cuajaron, pero el hambre de jira siempre permaneció en el recuerdo y en el espíritu de los ovetenses. En 2017 el sueño compartido por muchos de recuperar este encuentro se convirtió en realidad. Lamentablemente, la edición de 2020, por razones obvias, no se pudo celebrar, aunque, con el cambio en el gobierno local, desconocemos si el Ayuntamiento habría seguido apostando por apoyar esta fiesta. Cuando desde la asociación Manos por el Naranco impulsamos su recuperación, no pretendíamos otra cosa que rescatar una jornada de convivencia, de fiesta alegre y bulliciosa y, también, con un guiño a nuestra historia, reencontrarnos con el Naranco y pedirle disculpas por tantos años de darle la espalda. Lo hicimos aportando nuestras ideas, nuestra gente y nuestra colaboración de forma totalmente desinteresada. Confiamos en que, en un futuro, podamos seguir encontrándonos en las alturas naranquinas todos los ovetenses, al margen de sensibilidades sociales, políticas o del tipo que sean. La Jira debería ser, ante todo, lo que fue: una fiesta que unía a los ovetenses y a los muchos asturianos que venían de otros lugares. Quizá, actualmente, la fecha tradicional de julio no sea la idónea. Tal vez convertir la Jira en el pórtico de las fiestas de San Mateo, en ese mes de septiembre tan festivo en Asturias y en Oviedo pueda ser más adecuada. Confiemos en el buen criterio de nuestros gobernantes para que vean en esta histórica fiesta un día merecedor de figurar en rojo en nuestro calendario festivo. Que todos podamos volver a disfrutar del Naranco como aquellos romeros de antaño. Bien lo decía en el álbum de la Jira de 1934 “Tubal”: “Vosotros, los romeros del Naranco, habéis despertado el culto debido a la montaña ovetense. La impronta de su historia os obliga a algo más que cooperar en la jira anual a su cumbre; hay que despertar el amor a esa atalaya que un día fue dielda de nuestro pueblo y darle hoy el empaque que le corresponde por su situación privilegiada. Que sea atalaya de nuevo; pero no para que el clarín de la guerra suene sobre sus picachos, sino para que sea otero de nuevas civilizaciones. Ramiro I levantó en el Naranco un día los signos de una civilización. Sobre la historia de esta montaña, consumida aquella por el tiempo, podéis vosotros levantar, de nuevo, una luminaria de paz para un futuro venturoso”.

Tiempos de encuentro

Ese era el deseo de los romeros de los años treinta. Y ese es mi deseo. Que, al menos durante un día, el Naranco sea lugar de encuentro. De fiesta. De esperanza compartida. De concordia. De fe en una ciudad mejor.

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