Aviso para foriatos: aquí los chistes sobre el clima los hacemos nosotros. Chascarrillos, coñas y casi cualquier comentario que se pueda hacer sobre el tema es patrimonio nuestro. Es un asunto delicado, las sensibilidades están a flor de piel. Pocas bromas con esto.

Aburridos estamos de que nos digan lo verde que es Asturias. Verde es el Amazonas, en pleno clima tropical. Verdes son las palmeras que trajeron los indianos de ultramar. Verdes de un frescor irresistible son los pinos mediterráneos, que alivian los rigores de las solanas veraniegas. Verde es la hierbabuena de los mojitos y la marihuana en Jamaica. Tarzán vivía en taparrabos en medio de una jungla africana. El verde, amigos, es un color universal. No es un privilegio exclusivo. No es necesario tener el cielo gris como la panza de un burro ni esta luz amortecida todo el año para poder disfrutarlo.

Cansados estamos de llamar sombrillas a esos paraguas grandones que ponemos en las terrazas de los chigres. De gastar más dinero en chirucas que en sandalias. De dar un valor a las capuchas de las sudaderas por encima de lo meramente estético. Del cuento de que a un asturiano lo reconoces hasta en el infierno porque es el que lleva “una rebequina pa’ por si refresca por la tarde”.

Que si en Asturias se pueden vivir las cuatro estaciones en un solo día. Que si de la Tenderina a Vallobín caminando puedes cambiar tres veces de ropa. Que si el verano es nuestro día favorito del año. Ahítos estamos de la leyenda del Negrón, cuya magia transformista, su yin y su yang nos sigue sorprendiendo a nosotros mismos cada vez que lo cruzamos como un túnel del tiempo catastrófico. De sobra sabemos todo esto sin falta de que nos lo cuenten los de fuera.

Hartos estamos de escuchar como una virtud lo mucho que se agradece un poco de frescor cuando dejas atrás la meseta. Que es mejor dormir sintiendo el peso de una mantina por las noches. Que si playas como las nuestras no se encuentran por el mundo, aunque no siempre podamos usarlas.

Esos foriatos son los mismos que quieren beber “sidriña”, que no respetan la concordancia de género cuando mencionan a “las manzanes” o se admiran ante “una vaque”. Los mismos que se quejan del tamaño de los cachopos o peor, que lo comparan con un cordon bleu. Qué poca sensibilidad.

Carbayones, asturianos todos, tengamos paciencia con el turista que nos trae divisas desde sus lejanas y soleadas comunidades autónomas. Abramos para ellos las puertas de la ciudad y nuestros corazones. Los tiempos en los que los veranos de Vetusta eran lentos y plácidos, patrimonio casi exclusivo de los que tratábamos de recuperar asignaturas en septiembre, han pasado. Ahora con tanto estudiante MIR, con esos cursos universitarios de verano para extranjeros, con tanto turismo nacional, con tanta actividad cultural gratuita en la calle y con tanto museo en plena ebullición, nos han robado parte de esa calma chicha que nos convertía en una ciudad sin tráfico. Sea para el bien de nuestros negocios. Demostremos que sabemos recibir invitados lo mismo que antes supimos viajar por el mundo entero.

Pero cuidado, foriatos. Con lo de la meteorología tenemos la mecha muy corta. Aquí los sueños húmedos son una triste realidad.